Para poder votar este post tienes que identificarte o registrarte aquí.
Para votar este post conéctate con Facebook
Connect

John Hopkins es ese tipo de persona que esté donde esté y sea por lo que sea, llama la atención. Un hombre que llegó a la Categoría Reina allá por 2002 y que –casi–siempre ha sido fiel a Suzuki, el equipo que él mismo considera parte de su familia. Hace casi un año, cuando Hopper tocó fondo tras la última lesión sufrida en el AMA, el californiano comenzó una recuperación física y psicológica que terminó con la confirmación de su vuelta a Europa para correr en el British Superbikes. En ese momento, ya encarando de nuevo su carrera deportiva, decidió abrirse al exterior para contar todo lo que ha estado viviendo.
No obstante, no todo podía ser malo. John tocó el cielo en 2007 consiguiendo un cuarto puesto al final de la temporada llevando aquella prometedora Suzuki GSV-R pero antes de aquel logró pasaron cuatro duros años llenos de anécdotas vividas a lo largo y ancho del globo. No estoy hablando de que se le viera con Alex Hoffman por las discotecas de Valencia las noches previas al Gran Premio sino de ese tipo de cosas que sirven para recordar en un libro pero que te crispan en el momento.
Corría el año 2004 y el californiano estaba a punto de enfrentarse a una carrera en la había conseguido meterse en la primera fila de la parrilla. Sin embargo en la primera curva Loris Capirossi tiraba por tierra todas sus ganas y esperanzas, justo donde Hopper hizo lo mismo la temporada anterior. Pero le costó un buen golpe y la necesidad de volver a casa para recuperarse cuanto antes. Por ello Hopkins se disponía a subir al avión que le llevaba de vuelta a Londres cuando una auxiliar de vuelo se acercó a él para interesarse por su estado, a lo que contestó que se había roto las costillas horas antes. La auxiliar, siguiendo las normas, le comunicó que no podía volar sin el permiso expreso del doctor a su cargo.
Leer más