Así te cambia la vida sobrevivir a un infarto a los 77 años: se compra una Suzuki para recorrer el mundo en 80.000 km

Lejos de retirarse, convierte un susto cardíaco en el impulso definitivo para recorrer 80.000 km sobre dos ruedas

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John Fernández

Hay quien, tras un susto serio de salud, baja el ritmo de la vida en general. Y luego está Steven Barnett, que a sus 77 años, y después de pasar por quirófano para colocarse un stent tras un infarto, ha decidido justo lo contrario: subirse a una moto y lanzarse a su mayor aventura hasta la fecha.

Barnett lleva más de medio siglo viajando sobre dos ruedas y ha recorrido cerca de 80 países. Pero ahora quiere ir un paso más allá: una ruta de aproximadamente 80.000 kilómetros, durante un año, atravesando 27 países y varios continentes.

Abriendo gas hacia la mayor aventura de su vida

Profesor universitario ya retirado, lleva dos décadas viviendo en Panamá. Y si algo deja claro su historia es que la edad no ha reducido su necesidad de movimiento. De hecho, el infarto fue el detonante definitivo. "Nunca vas a estar preparado al 100%, pero eso no es motivo para posponerlo", explica.

El plan arranca en Madrid y recorre Europa hacia el este: Francia, Italia, los Balcanes, Grecia y Turquía. Después llega una de las zonas más exigentes, Asia Central, cruzando países como Uzbekistán, Tayikistán o Kirguistán antes de entrar en China. Desde ahí, el viaje continúa por el sudeste asiático, baja hasta Indonesia, salta a Australia y termina en Sudamérica antes de cerrar el círculo en Panamá.

Como era imaginable, no vale cualquier moto: Barnett ha elegido una Suzuki DR650, una trail sencilla pero extremadamente fiable, y la ha preparado él mismo: depósito de mayor capacidad, suspensiones reforzadas y una configuración pensada para todo tipo de terreno, desde pistas rotas hasta largas tiradas por asfalto.

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El reto, además, tiene un objetivo claro: entrar en el libro Guinness como la persona de mayor edad en completar una vuelta al mundo en moto. Y no es solo cuestión de conducir. Las normas obligan a usar la misma moto durante todo el recorrido y a documentar cada etapa con precisión.

Ya no busca complicarse innecesariamente: evita rutas demasiado aisladas y prioriza zonas donde pueda recibir ayuda si algo falla. "No puedo levantar una moto grande como cuando tenía 50 años", reconoce, sin dramatismos.

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Tampoco va en plan aventura extrema ni hará acampadas improvisadas: tirará de hoteles y alojamientos locales. Viaja ligero, pero con dos objetos curiosos: un oso de peluche llamado Rocky, que usa para romper el hielo con la gente, y una mandolina, con la que conecta culturalmente en cada parada.

Antes de lanzarse a este viaje, quiso comprobar sus límites. Apenas dos meses después de la operación, se fue tres meses a Vietnam, donde recorrió desde la bahía de Ha Long hasta las carreteras más exigentes de la ruta Ho Chi Minh. Una especie de test real para saber si su cuerpo estaba listo. Y la respuesta fue sí.

Su mujer, Karen, con la que lleva más de cuatro décadas, ha sido clave en todo el proceso. Confía plenamente en su recuperación y en su capacidad para completar el viaje. "Hay días increíbles y otros en los que te preguntas qué haces ahí", admite. Pero precisamente ahí está la esencia del viaje.

Imágenes | Steven Barnett

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