Suzuki ha decidido no dejar morir al motor de combustión interna. Mientras la industria acelera hacia la electrificación, la marca japonesa ha presentado su estrategia tecnológica 2025, donde confirma que seguirá invirtiendo en el desarrollo de nuevos propulsores de gasolina más eficientes.
Sin embargo, tampoco deja de lado la novedad absoluta, y junto con los motores de combustión interna, los de Hamamatsu los combinarán con otros motores híbridos y eléctricos.
Los desafíos de mantener viva la combustión en plena era eléctrica
La compañía asegura que está "refinando tecnologías de combustión a alta velocidad y de baja fricción, cultivadas durante años de experiencia en motores", con el objetivo de reducir consumos y emisiones sin renunciar al formato tradicional. A esto se suma un paso firme hacia los combustibles alternativos, en especial los neutros en carbono y las mezclas con alto contenido de etanol.
En definitiva, que los de Hamamatsu no tiran la toalla con los motores de gasolina grandes. ¿Y por qué es importante esto? Porque es un cambio de rumbo. En 2022 se iban de MotoGP y descontinuaban su RR más bestia de cuatro cilindros. Hasta ellos decían que se iban a centrar en lo eléctrico y de menos consumo. Que salgan a decir que siguen con motores de gasolina es buen síntoma.
El anuncio coincide con la vuelta de la GSX-R1000R al mercado europeo. La superbike ha tenido que actualizarse a las estrictas normativas Euro5+, demostrando que todavía hay margen para seguir homologando grandes motores de cuatro cilindros en línea bajo los estándares actuales.
De hecho, desde enero ya producen en India la Gixxer SF 250 FFV, una moto "flex fuel" capaz de funcionar con mezclas como E20 (20% de etanol). Este modelo, destinado al mercado local, no llegará a Europa por el momento, pero marca el camino de cómo Suzuki quiere adaptar la combustión a un futuro menos dependiente de los fósiles. También compiten en Resistencia con una GSX-R adaptada a combustible ecológico; ¿es eso lo que quieren traer a la calle?
La estrategia de Suzuki, sin embargo, no está exenta de retos. La normativa europea es cada vez más estricta en emisiones de NOX, partículas y CO₂, lo que obliga a una innovación constante para que los motores de combustión sigan siendo viables. A ello se suma la falta de infraestructura para combustibles alternativos: en países como India o Brasil repostar mezclas de etanol es habitual, pero en Europa prácticamente no existen surtidores de este tipo.
En paralelo, los costes de las baterías continúan bajando y los eléctricos puros ganan competitividad, lo que presiona a los fabricantes para que la combustión encuentre su espacio en un mercado cada vez más inclinado hacia el enchufe.
Imágenes | Suzuki
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