
De un tiempo a esta parte el verme sentado en la salas de espera de los aeropuertos se ha convertido para mí en una escena muy habitual. Normalmente, y en pro de aprovechar el tiempo, uno intenta ser algo productivo y trabajar un poco gracias a la tecnología que nos permite estar conectados en todo momento mediante los ordenadores portátiles. O puedo dedicarme al ocio leyendo algún artículo de Motorpasión Moto, escuchar un podcast o montando en moto.
Sí, has leído bien, montando en moto. Así arranco el nuevo modelo que me acabo de comprar. A mi lado tengo sentados una familia con tres niños y un ejecutivo trajeado. No creo que les incomode el rugir de mi motocicleta de gran cilindrada ya que tengo los auriculares puestos. Y sin tan siquiera hacer el rodaje a la moto ni calentarla previamente salgo gas a fondo por la carretera esquivando todo lo que encuentro a mi paso y rodilla al suelo en cada curva. El caso es que voy emulando a Ghost Rider pero sin poner en peligro mi integridad ni la de los demás. Y sin radares ni multas, una gozada. Bien, ya suponéis evidentemente que hablo de un juego.










