Persiguió 100 km en moto para que una televisión grabara lo buen piloto que era. Acabó creando la marca china más bestia de todos los tiempos

Zhang Xue pasó de ser un mecánico autodidacta en una aldea de Hunan a convertirse en uno de los empresarios más influyentes del motociclismo chino

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John Fernández

Hay gente que parece empeñada en elegir siempre el camino más complicado. Zhang Xue pertenece a ese grupo. Es el fundador de ZXMOTO.

Con catorce años descubrió las motos en una pequeña aldea de Hunan y decidió que aquello era lo único que quería hacer. No venía de una familia con dinero, tampoco había estudiado ingeniería ni tenía detrás un gran equipo que le abriera puertas. Lo que sí tenía era un taller diminuto donde pasaba el día desmontando motores, limpiando carburadores y volviendo a montar piezas hasta entender por qué funcionaban… Y así ha triunfado.

La persecución que hoy parece una escena de cine

En realidad, él no soñaba con fabricar motos, sino que lo único que quería era correr, y durante bastante tiempo parecía que no iba a conseguir ni una cosa ni la otra.

En 2006 logró convencer a una televisión local para que fuera a grabar una exhibición de acrobacias. Era la oportunidad que llevaba esperando desde hacía años.

Entonces empezó a llover, y los periodistas recogieron las cámaras, se subieron al coche y dieron el reportaje por cancelado. Fin de la historia. O al menos eso creían ellos.

Zhang se puso el casco, arrancó una vieja moto y salió detrás del vehículo. Recorrió más de cien kilómetros, casi tres horas por carreteras de montaña completamente embarradas, con una única idea en la cabeza: conseguir que dieran la vuelta. Y, contra todo pronóstico, lo consiguió.

Zhang 1

Cuando regresaron no hubo una exhibición perfecta. Hubo caballitos, derrapes, saltos, alguna tumbada, varias caídas y un montón de golpes. Las cámaras siguieron grabando mientras él se levantaba una y otra vez. En una de esas imágenes, que todavía circulan por internet, sonríe y suelta una frase que con el tiempo casi se ha convertido en una declaración de intenciones: “¿Esto? No es nada".

Aquel reportaje terminó llegando a las personas adecuadas y, casi sin darse cuenta, apareció la primera oportunidad profesional de su vida.

Entró en un equipo, trabajó como mecánico, hizo exhibiciones y también compitió. Pasaron los años hasta que asumió una realidad que no resulta fácil aceptar para alguien que vive por y para correr.

Zhang 2

Sabía que nunca iba a ser el piloto más rápido del mundo, pero lejos de frustrarse, decidió cambiar el objetivo: si no podía pilotar la mejor moto del planeta, intentaría construirla, y ahí empezó una historia completamente distinta.

Se marchó a Chongqing, se metió de lleno en la industria motociclista y empezó a obsesionarse con detalles que para casi cualquiera pasarían desapercibidos. Siempre quería una tolerancia más ajustada, una pieza mejor mecanizada o un acabado más preciso.

Los proveedores recuerdan que era agotador negociar con él. Cuando respondían que aquello incrementaría los costes, Zhang repetía siempre la misma frase: "Las pruebas las pago yo”.

Primero llegó Kove. Después decidió volver a empezar

Participó en el nacimiento de Kove cuando la idea de que una marca china pudiera mirar de tú a tú a los fabricantes japoneses o europeos sonaba casi a ciencia ficción. Poco a poco llegaron el Dakar, la competición internacional y una reputación que crecía carrera tras carrera.

Y justo cuando parecía haber encontrado su sitio, hizo algo que casi nadie esperaba: se marchó por discrepancias con la misma marca que él había creado. Abandonó la empresa que había ayudado a levantar y decidió empezar otra vez desde cero con un proyecto propio llamado ZXMOTO.

Zhang Kove

Muchos interpretaron aquel movimiento como un paso atrás, pero no tardó demasiado en demostrarse que no lo era.

ZXMOTO apenas llevaba dos años de vida cuando apareció en el Mundial de Supersport junto al equipo Evan Bros. Sobre el papel el objetivo era sencillo: aprender, desarrollar la moto y, con un poco de suerte, pelear por algún podio.

La realidad fue bastante diferente: Valentin Debise ganó dos carreras consecutivas en Portimão y dejó detrás a Ducati, Yamaha, Honda y Kawasaki con una superioridad que sorprendió incluso a quienes llevaban toda la vida dentro del paddock.

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Para muchos aficionados aquellas victorias significaron bastante más que un simple resultado deportivo. Fue el momento en que una parte del motociclismo dejó de mirar a las marcas chinas como fabricantes que aprendían de los demás y empezó a verlas como rivales capaces de ganar. Esa es la lectura.

Y lo curioso es que, probablemente, todo empezó muchos años antes, cuando un chaval de una aldea perdida decidió perseguir durante tres horas una cámara de televisión bajo un aguacero porque estaba convencido de que aquella podía ser la única oportunidad de su vida.

No la dejó escapar. Y, visto lo que vino después, hizo bien.

Imágenes | ZXMOTO, Kove

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