Por qué casi nunca ves a un futbolista profesional en moto: la respuesta vale millones de euros

Ni la velocidad, ni la lluvia, ni las curvas: el verdadero motivo por el que los futbolistas evitan las motos

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John Fernández

Hay una imagen que cuesta imaginar: una estrella del fútbol saliendo del entrenamiento, poniéndose el casco y desapareciendo por una carretera de curvas sobre una Ducati o una Harley-Davidson. Las hay… pero cuando se retiran.

No es que no existan futbolistas moteros. Es que, en la élite, una simple ruta de fin de semana puede convertirse en un auténtico quebradero de cabeza para el jugador, su club, la aseguradora y hasta el director deportivo. Porque un delantero puede valer 80 millones de euros, pero una caída en una glorieta no entiende de cláusulas de rescisión. Ahora que se está jugando el Mundial (de fútbol), es buen momento para analizar el tema.

El verdadero rival no es la moto, sino el riesgo

Existe una creencia bastante extendida: que los futbolistas tienen prohibido montar en moto, y no es exactamente cierto.

No existe una norma universal que impida a todos los jugadores conducir una moto. Lo habitual es que cada club incluya en sus contratos cláusulas relacionadas con actividades de riesgo, con expresiones como "peligro innecesario", "deportes peligrosos" o "actividades susceptibles de provocar lesiones evitables".

No siempre aparece la palabra "moto", pero el mensaje suele ser el mismo, porque sí, montar en moto conlleva riesgos. Si un jugador se lesiona realizando una actividad considerada evitable, puede enfrentarse a conflictos con el club, con las aseguradoras o incluso a penalizaciones vinculadas a su rendimiento deportivo.

Moto 1

En el fútbol moderno un jugador ya no representa únicamente once camisetas sobre el césped; es una inversión multimillonaria en el sentido de que su salario, su valor de mercado, los contratos publicitarios y el coste de una lesión hacen que cualquier actividad ajena al entrenamiento sea analizada desde una perspectiva de gestión del riesgo.

Una rotura muscular ya supone perder varios partidos. Una caída en moto podría dejar fuera de competición durante meses a un futbolista cuya ficha cuesta decenas de millones de euros. Por eso muchos clubes prefieren evitar cualquier situación que pueda generar un titular incómodo el lunes por la mañana.

Hay excepciones... y algunas son muy conocidas

Una vez terminada la carrera profesional, muchos futbolistas recuperan una afición que habían mantenido en un discreto segundo plano. David Beckham es probablemente el ejemplo más famoso. El exinternacional inglés ha aparecido en numerosas ocasiones junto a motos personalizadas y modelos clásicos, convirtiendo esa pasión en una parte más de su imagen pública.

También resulta curiosa la historia de Mario Balotelli. Durante su etapa en el AC Milan tenía prohibido practicar karting por contrato. La anécdota se hizo famosa porque, para no incumplir la cláusula, acudió a un circuito... pero conduciendo un Ferrari en lugar de un kart.

El seleccionador alemán rompe la norma no escrita. Quien tampoco esconde su pasión por las dos ruedas es Julian Nagelsmann. El actual seleccionador de Alemania ha sido fotografiado en varias ocasiones sobre una Harley-Davidson personalizada y, según distintas publicaciones especializadas, también posee una Triumph Speed Triple, varios modelos Ducati e incluso una Vespa.

Portada Harley

La diferencia es evidente; un entrenador sigue siendo una pieza importante, pero una lesión no tiene el mismo impacto deportivo ni económico que la de un delantero titular valorado en decenas de millones de euros.

La paradoja… Lo curioso es que el fútbol y la moto comparten muchas cosas: velocidad, precisión, equilibrio y esa mezcla de concentración y adrenalina que obliga a tomar decisiones en apenas unas décimas de segundo. Sin embargo, cuanto más alto es el nivel competitivo, más difícil resulta disfrutar de esa afición con libertad. No porque esté prohibido, sino porque alrededor de cada futbolista profesional existe una enorme maquinaria económica que intenta reducir cualquier riesgo al mínimo.

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