El peor error de marketing de la historia: KTM rechazó regalar dos motos y BMW lo aprovechó para construir el imperio de las GS

KTM rechazó apoyar Long Way Round por miedo al fracaso y BMW convirtió aquella aventura en el nacimiento del mito GS moderno

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John Fernández

La historia parece demasiado absurda para ser real, pero ocurrió de verdad. A principios de los 2000, KTM tuvo delante una oportunidad de marketing gigantesca que habría cambiado probablemente la historia moderna de las motos trail, pero la rechazó. Y la marca que sí aceptó terminó convirtiendo aquella aventura en una máquina de fabricar dinero, imagen y deseo durante más de veinte años.

Porque sí: el fenómeno BMW GS moderno probablemente no se entiende sin Long Way Round.

El “no” más caro de la historia trail

Todo empieza en 2003, cuando Ewan McGregor y Charley Boorman preparaban una locura que en aquel momento parecía prácticamente imposible: cruzar el planeta en moto desde Londres hasta Nueva York atravesando Europa, Kazajistán, Mongolia, Siberia, Alaska y Canadá.

Hoy estamos acostumbrados a ver youtubers motoviajeros por todas partes, pero en aquella época el concepto “adventure” moderno apenas existía como fenómeno global. El viaje iba a convertirse en documental y necesitaban una marca que les proporcionase motos.

Y aquí aparece KTM, porque, aunque mucha gente no lo recuerda hoy, las motos favoritas inicialmente eran precisamente las KTM 950 Adventure. Charley Boorman quería hacer el viaje con ellas y, tras varias pruebas off-road, incluso McGregor terminó aceptando la idea pese a preferir BMW.

Pero entonces llegó la decisión de la que bien se podrían haber arrepentido después: KTM analizó el proyecto internamente y empezó a verlo como un problema más que como una oportunidad. Según distintas reconstrucciones posteriores y testimonios relacionados con el documental, dentro de la marca existía bastante miedo a que el viaje terminase siendo un desastre.

Bmw 9

La ruta atravesaba zonas prácticamente salvajes de Siberia y Mongolia, la logística parecía una pesadilla y había dudas enormes sobre qué ocurriría si las motos se rompían constantemente delante de las cámaras o si los actores abandonaban a mitad del proyecto.

Además, KTM en 2003 no era el gigante global que conocemos hoy. Seguía siendo una marca relativamente pequeña, muchísimo más enfocada al enduro y a la competición pura que al gran turismo adventure mundial. BMW tenía una estructura internacional muchísimo más preparada para asumir algo así.

Así que KTM dijo que no. Lo que no vieron es que acababan de dejar escapar probablemente la mayor oportunidad de posicionamiento emocional de toda la historia moderna del motociclismo.

Long 3

BMW, en cambio, hizo exactamente lo contrario: aceptó el proyecto, entregó varias R1150GS Adventure preparadas, soporte técnico y toda la ayuda logística posible. Y entonces ocurrió algo que probablemente ni la propia BMW esperaba.

Como muchos saben, Long Way Round no terminó siendo simplemente un documental de motos; terminó creando prácticamente todo el imaginario moderno de las trail adventure.

Las BMW sufrían constantemente durante el viaje: hubo caídas, averías, problemas eléctricos, daños estructurales, motos remolcadas y hasta chasis soldados en talleres improvisados de Mongolia. Pero ahí apareció la genialidad involuntaria de toda la historia; la cosa transmitía épica.

Long 2

Las GS parecían motos capaces de cruzar el fin del mundo aunque fuese a golpes, barro, agua y reparaciones improvisadas, y eso conectó muchísimo más emocionalmente con el público que cualquier campaña tradicional de publicidad.

Bien podríamos decir que BMW entendió algo que KTM todavía no había visto: en las motos adventure, la narrativa puede ser tan importante como la ingeniería.

Entonces, llegó el ‘milagro’ en formato de números

Después del documental, la GS dejó de ser simplemente una moto grande alemana para viajeros experimentados, se convirtió en una fantasía aspiracional global. De repente, millones de motoristas empezaron a imaginarse atravesando Mongolia aunque jamás saliesen realmente del asfalto. Ahí nacen buena parte de las obsesiones modernas del segmento ADV.

El timing, además, fue perfecto: internet empezaba a conectar comunidades moteras globales, muchísimos usuarios abandonaban las supersport para buscar motos más cómodas y el mercado descubría que las trail grandes podían venderse como auténticos SUV premium sobre dos ruedas.

BMW se encontró accidentalmente en el centro exacto de esa explosión, y el resultado fue brutal, pues la saga GS pasó de ser una gama prestigiosa a convertirse en una auténtica máquina de imprimir dinero y probablemente en el símbolo más reconocible del mototurismo moderno.

Lo más irónico de la historia es que KTM tampoco estaba completamente equivocada, pues las motos sufrieron muchísimo durante el viaje y la expedición estuvo cerca del desastre varias veces. Pero precisamente ahí estuvo el golpe maestro involuntario de BMW: convertir las dificultades en parte del mito.

Imágenes | Long Way Rounde

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