Hay proyectos que nacen sobre un plano y otros que empiezan con una pregunta. En este caso debió de ser algo parecido a: ¿y si un Sukhoi Su-35 pudiera navegar?
La respuesta no ha llegado desde un gran astillero ni desde un fabricante aeronáutico, sino desde el taller del creador vietnamita Hoàng Thanh, conocido por transformar ideas aparentemente imposibles en embarcaciones completamente funcionales. Su última locura reproduce con bastante fidelidad la silueta del famoso caza ruso, pero lo realmente interesante no está en la fibra de vidrio ni en la pintura de camuflaje. Está escondido bajo el casco.
Dos viejos motores Kawasaki vuelven a la vida
En lugar de recurrir a motores modernos, Thanh optó por una solución mucho más artesanal: recuperar dos propulsores Kawasaki de dos tiempos y 650 cc, originalmente montados en motos de agua de finales de los años ochenta.
Restaurados por completo, ambos desarrollan conjuntamente más de 100 CV y son los encargados de mover esta peculiar embarcación hasta unos 75 km/h, una cifra más que respetable para un proyecto construido prácticamente de manera artesanal.
Cada motor trabaja de forma independiente sobre su propia bomba de agua. El sistema aspira el agua por la parte inferior del casco, la acelera y la expulsa a presión mediante una tobera orientable situada en la popa.
No es una casualidad: la disposición de doble motor reproduce la arquitectura bimotor del verdadero Sukhoi Su-35, mientras que las dos toberas independientes recuerdan visualmente al sistema de empuje vectorial que ha convertido al caza ruso en uno de los aviones más maniobrables del mundo.
Mucha fibra de vidrio... y bastante ingeniería
El trabajo es épico.
La estructura comenzó con paneles de plástico utilizados como molde, sobre los que se fueron aplicando sucesivas capas de fibra de vidrio y resina siguiendo un proceso muy parecido al empleado para fabricar cascos de motos de agua de producción.
El fuselaje del Su-35 también ayudó. Su parte inferior, especialmente ancha y plana, resulta adecuada para crear una superficie de planeo que permite que la embarcación se deslice sobre el agua cuando gana velocidad, reduciendo la resistencia.
Para completar la ilusión, el constructor reprodujo las alas, las derivas, la cabina de metacrilato e incluso las superficies traseras móviles, consiguiendo que desde cierta distancia parezca realmente un caza navegando sobre el agua.
Evidentemente, esta réplica nunca despegará ni realizará las espectaculares maniobras del avión en el que se inspira. Sin embargo, el resultado consigue algo casi igual de llamativo: hacer que un par de motores Kawasaki con más de tres décadas a sus espaldas den una segunda vida a un proyecto que parece sacado de una película de ciencia ficción.
Imágenes | Yamaha
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