La última guerra de Rossi no se libra en un circuito ni se decide por décimas. Esta vez es una historia doméstica, incómoda y profundamente personal, con Valentino Rossi y su padre, Graziano Rossi.
Ambos están enfrentados por un conflicto que mezcla dinero, confianza y una ruptura familiar que ha terminado en los tribunales.
Cuando el conflicto legal rompe una familia antes que una cuenta bancaria
Todo arranca en 2024, cuando Valentino solicita que se nombre un administrador de apoyo para su padre. La decisión no llega de la nada: varios informes apuntan a una situación de vulnerabilidad y es entonces cuando el nueve veces campeón del mundo detecta movimientos que le hacen saltar todas las alarmas. Según la documentación que acaba en manos del juez, la pareja de Graziano habría retirado importantes cantidades de dinero de sus cuentas a lo largo de los años. Entre transferencias, efectivo y un préstamo declarado, la cifra supera los 200.000 euros.
Un año después, el guion da un giro. Es el propio Graziano quien pide recuperar el control total de su vida económica y legal. Ante la negativa inicial de su hijo, presenta una demanda civil. El 4 de marzo de 2025, un juez de Pesaro falla a su favor: considera que Graziano es plenamente capaz de tomar decisiones por sí mismo. Pesa un detalle clave: nunca dejó de conducir, ni de competir en rallyes, ni de llevar una vida activa. Valentino acepta el veredicto y no recurre.
Lejos de cerrarse, el conflicto cambia de frente. Rossi centra entonces sus esfuerzos en la vía penal y denuncia a la pareja de su padre por presunta defraudación a una persona considerada incapaz. Se suceden los peritajes, los contrainformes y las evaluaciones médicas entre Pesaro y Bolonia. El último, encargado por el juez instructor al profesor Luca Cimino, vuelve a desmontar la tesis de la incapacidad: Graziano no necesita un administrador.
Mientras la Guardia di Finanza revisa cada movimiento bancario, el caso llega a la fiscalía de Pesaro, que deberá decidir si hay base para seguir adelante contra la pareja de Graziano. En paralelo, otros miembros de la familia quedan fuera del foco judicial, atrapados en una situación que ya es irreversible en lo emocional.
Porque si algo ha terminado rompiéndose aquí no son solo cuentas corrientes. Valentino lo ha explicado con crudeza al hablar de la distancia con su padre: "Es como si ya no tuviera padre", admite, describiendo un muro levantado a su alrededor que ha cortado la comunicación con toda la familia. Rossi insiste en que el dinero no es el centro del problema: "El dinero, en esta historia, no tiene ninguna relevancia, por suerte para mí y también para Graziano", recalca.
Lo que le duele es la desconexión absoluta: "Estoy solo apenado y preocupado por mi padre, al que no veo, no escucho más", reconoce. La ruptura también alcanza a las nietas de Graziano, que han dejado de tener contacto con su abuelo, y a otros miembros del entorno familiar apartados de golpe.
En lo legal, la situación es clara pero incómoda para Valentino. Los jueces y los médicos coinciden en que su padre está en pleno uso de sus facultades. En lo personal, el panorama es mucho más gris: "Esta es una historia dictada por el amor, no por otra cosa. Una situación que me pone a mí, a todos nosotros, muy tristes", resume Rossi.
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