La última locura de Kawasaki es una moto que parece un avión a reacción. El objetivo es salvar al mundo de las eléctricas

Kawasaki sigue apostando por el hidrógeno para salvar el motor térmico, pero almacenar el combustible obliga a diseños cada vez más grandes y complejos

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John Fernández

Kawasaki parecía tener entre manos una posible vía para alargar la vida del motor de combustión, un ‘truco’ que salvaría a la industria para dejarnos seguir disfrutando de los motores tal y como los conocemos (más o menos): usar hidrógeno en lugar de gasolina.

La marca japonesa lleva años trabajando en esta idea y ya ha mostrado prototipos funcionales, pero cuanto más avanza el desarrollo, más evidente queda el principal problema: almacenar hidrógeno en una moto es muchísimo más complicado de lo que parece. ¿Se les está yendo de las manos? Es la pregunta natural que puede hacerse uno viendo los pasos que van dando los de Akashi.

El hidrógeno de Kawasaki crece: más depósitos para ganar autonomía

Las últimas pistas de lo que están haciendo llegan a través de unas patentes publicadas recientemente y recogidas por el medio australiano AMCN. En ellas aparece una evolución de la moto de hidrógeno (que ellos mismos calificaron en su día como "humificador con ruedas" a tono de broma) en la que trabajan los nipones. El objetivo es solo uno, a partir de ahora: aumentar la autonomía. El problema es que, para lograrlo, el diseño empieza a crecer… Y mucho.

El hidrógeno tiene ventajas interesantes como combustible, muchísimas. Es el elemento más abundante del universo y su combustión no produce dióxido de carbono, sino agua. O sea, que no contamina tanto (no que no contamine). Además, por kilogramo tiene una densidad energética superior a la de la gasolina. Sobre el papel, podría permitir seguir usando motores térmicos sin emisiones directas de CO₂. El plan es sencillamente maestro… Aunque hay un pero, y muy grande.

El gran obstáculo está en almacenarlo. El hidrógeno tiene una densidad extremadamente baja y además se escapa con facilidad, lo que obliga a guardarlo en depósitos específicos y a presiones muy altas, que pueden llegar a unos 700 bares. Para soportar esa presión los tanques deben ser cilíndricos y muy resistentes, algo que complica mucho su integración en una moto.

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Los primeros prototipos ya llamaban la atención por su silueta para nada habitual. En lugar de maletas laterales, la moto llevaba depósitos de hidrógeno a ambos lados. Eso ha cambiado… A peor, todavía: según muestran las nuevas patentes, la solución pasa por añadir todavía más depósitos.

En los dibujos aparecen hasta cuatro tanques: dos laterales, uno adicional en la parte delantera y otro integrado en la parte trasera del conjunto. Todo para poder almacenar más hidrógeno y así aumentar una autonomía que, de otro modo, sería demasiado limitada.

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El problema es evidente: más depósitos significan más peso, más volumen y una arquitectura cada vez más compleja. Y aunque registrar patentes forma parte del proceso de desarrollo, eso no significa necesariamente que una moto con esta configuración vaya a llegar a producción.

Lo que sí deja claro este proyecto es que Kawasaki sigue buscando fórmulas para mantener vivo el motor de combustión en el futuro. Solo que, en el caso del hidrógeno, la teoría es muy prometedora… Pero meter todo ese combustible dentro de una moto sigue siendo el verdadero desafío.

Imágenes | Kawasaki

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