Ferrari y las motos parecen algo que nunca casó, más allá de aquel invento olvidado. Pero echemos la vista atrás... 26 años en concrto. El 15 de septiembre de 1997, en la exclusiva Società del Giardino de Milán, el empresario italiano Claudio Castiglioni presentó al mundo la MV Agusta F4. No era una superbike más. Aquella moto representaba el regreso de una marca histórica al primer plano del motociclismo y, con el tiempo, acabaría convertida en leyenda.
Pero la leyenda no empezó ahí, sino mucho antes: el camino para llegar a la F4 fue de todo menos fácil. Detrás de su nacimiento hay una historia llena de giros inesperados, desarrollos paralelos, luchas internas y hasta un motor diseñado con la colaboración de Ferrari.
Ferrari diseñó su motor y Ducati lo desarrolló
Las MV F siguen vivas hasta hoy. Fue un nombre que siempre generó curiosidad. En realidad, el significado estaba escondido a simple vista: la F hacía referencia a Ferrari y el 4 a su motor de cuatro cilindros. Castiglioni quería algo especial para relanzar MV Agusta, una moto con un nivel técnico y hasta simbólico.
Así que recurrieron a Ferrari Engineering, que trabajó en el desarrollo de un nuevo propulsor de cuatro cilindros. La base de partida tomó como referencia motores japoneses de la época, pero se introdujo una solución muy poco habitual en motos de producción: válvulas radiales, inspiradas en la tecnología utilizada en Fórmula 1.
De hecho, los primeros prototipos se construyeron en la zona de Módena y terminaron en manos de Ducati para continuarse. Pero no convenció a los de Borgo Panigale porque nunca llegó a encajar dentro de la marca. El problema era simplísimo: tenía cuatro cilindros cuando la identidad técnica de la casa eran bicilíndricos.
Así que la cosa quedó parada... Hasta la llegada de nuevos responsables técnicos que retomaron el desarrollo. El objetivo era ambicioso: un motor capaz de girar hasta 14.000 vueltas, algo muy avanzado para la época y propio de las motos japonesas.
El problema fue cuando llegaron las primeras pruebas, que fueron poco menos que desmoralizadoras. En el banco de potencia el motor apenas alcanzaba los 19,8 CV a 9.000 vueltas... Una broma. Evidentemente, eso era un resultado ridículamente bajo para lo que debía convertirse en el corazón de una superbike. Así que cambiaron y rediseñaron árboles de levas, diagramas de válvulas... Y el cambio fue, ahora sí, radical, superando fácilmente los 120 CV.
Pero ni con esas fue suficiente... Hasta que llegó un hombre llamado Massimo Bordi, ingeniero. Este hombre replanteó el motor de arriba abajo, literalmente: la cilindrada se aumentó hasta los 860 cc y las culatas se giraron 180 grados, colocando las admisiones hacia delante y los escapes hacia atrás. El objetivo era mejorar el flujo de aire y diferenciar el motor de los cuatro cilindros japoneses que dominaban el mercado.
Sorpresa: mientras, algunos ingenieros continuaban trabajando en secreto en una versión de 750 cc instalada en un prototipo camuflado que incluso llegó a circular por carretera durante las pruebas.
Al mismo tiempo, apareció otro gigante que conocemos bienen la industria: Claudio Domenicali, por entonces un joven y apuesto ingeniero encargado de diseñar el chasis de uno de los prototipos, cuyo resultado fue una estructura muy particular, con doble viga y formas poco convencionales. Algunos prototipos se probaron incluso con carenados derivados de la futura Ducati 916.
A pesar del trabajo realizado, el resultado final no le gustó al mandamás... Así que tras ver algunos de los prototipos, optó por la vía radical: trasladar todo el proyecto a Cagiva Corse y empezar prácticamente desde cero. Su idea era clara: si MV Agusta iba a renacer, debía hacerlo con una moto excepcional.
Para conseguirlo confió el diseño completo al legendario Massimo Tamburini, mientras el motor se rediseñaba casi por completo, conservando únicamente algunos elementos que funcionaban bien como pistones, bielas y el concepto de válvulas inclinadas.
Ese nuevo enfoque acabaría dando vida a la moto que se presentó en 1997, la MV Agusta F4, una deportiva que no solo marcó el regreso de la marca italiana, sino que terminaría convirtiéndose en una de las superbikes más influyentes de toda la historia de las motos.
Imágenes | MV
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