
De pequeños todos hemos soñado con poder pilotar la moto de papá, o la de ese hermano mayor al que imitábamos en todo lo que hacía, pero muy pocos han podido disfrutar de su interés por las motos hasta que han llegado a la edad suficiente para alcanzar los estribos de esas soñadas motos. (Os estoy hablando desde la óptica de un niño de principios de los setenta)
Parece que Félix Gözte ha querido regalarle a su pequeño hijo de tres años un vehículo adecuado a su edad, un balancín motero. Fabricado con retales de motos alemanas, Félix ha construido este balancín que tiene una pinta increíblemente solida, quizá demasiado, en el que todas las piezas que pudieran desprenderse han sido convenientemente sujetadas y lacadas para evitar problemas con el usuario final.





