"Soy catalán y español. Dos meses duré en Andorra". Marc Márquez acaba de mojarse por primera vez sobre el sentimiento español

Marc Márquez se abre como nunca sobre identidad, impuestos, dolor, presión y familia, dejando claro que su vida fuera del paddock ya no se rige por cálculos

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John Fernández

Marc Márquez no fue a presentar un título, ni una moto nueva, ni a vender épica de campeón. Fue a sentarse delante de Ana Pastor, en 'El objetivo', y hablar. De verdad. Y en ese contexto, sin casco ni mono, acabó soltando una frase que dice más de él que muchos campeonatos: "Soy catalán y español. Dos meses duré en Andorra".

No es una frase calculada ni un mensaje envuelto para redes. Es, simplemente, Márquez rompiendo un melón que en el motociclismo español casi siempre se esquiva. El de la identidad, el dinero, los impuestos y la vida fuera del paddock. Y lo hace desde un sitio poco habitual: la normalidad.

"Soy catalán y español": Marc Márquez explica por qué Andorra no era su sitio

Porque Márquez no esquiva el asunto de Andorra, ni lo maquilla. Lo cuenta tal cual lo vivió: "He pagado impuestos en España toda mi vida. Tuve casa en Andorra y probé". No hay rodeos. Lo intentó como tantos otros pilotos, con Cervera a una hora, yendo a ver a sus padres los fines de semana. Pero no funcionó: "Dos meses seguidos duré. Dije: ‘No, yo España y ya está’".

No lo plantea como una lección ni como un gesto político. Él mismo lo deja claro. "No lo hago para transmitir ningún mensaje. Esto lo hago como lo siento, porque es así". Y aun así, es consciente del debate. "También soy consciente de los impuestos, de dónde van y dónde no".

Cuando se le pregunta por la bandera, Márquez no se esconde ni entra en trincheras. "Estamos en libertad de expresión, ¿no? Soy catalán, me encanta Catalunña, pero soy español, me encanta España, el sur… No son incompatibles". Y remata con una naturalidad poco habitual en figuras públicas de su nivel: "Saco la bandera que siento en el momento".

La entrevista sirve también para entender al Márquez que corre hoy, muy distinto al que arrasaba sin mirar atrás. El dolor sigue presente: "La tolerancia al dolor es alta. Esto me ha ayudado en muchas ocasiones, pero me ha perjudicado en otras, diciendo que esa lesión no era tanto". Su hombro derecho sigue marcando límites claros. "Si duermo del lado derecho, me va a doler. Hay cosas como jugar al pádel o tirar piedras al río, si lo hago tres días, me duele".

También reflexiona sobre la presión real del MotoGP actual. No la de fuera, sino la interna: "Lo que más presión me crea es ver a una fábrica o un equipo que está pendiente de ti y esos 45 minutos depende el éxito de ti". Esa presión, admite, le gusta. "Me gusta la presión. Si no, entro en modo aburrimiento y es donde cometo el error".

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Sobre las caídas, Márquez pone palabras a algo que casi nunca se verbaliza: "Caer te enseña el límite, el ‘así no se hace’". Reconoce que es un tema tabú, pero real. "Te haces daño, te juegas la vida y somos conscientes, aunque no queramos hablar de eso". Y cuando estás en casa, tranquilo, el respeto aparece. "Si te has hecho daño, lo notas en el primer momento".

Con Valentino Rossi, el tono es distinto al de otros años. Más frío, más maduro. "Vivir con rencor es muy duro". No quiere alimentar ese enfrentamiento ni desde la pista ni desde la grada. "No quiero que mis aficionados tengan rencor, que guarden la fuerza para aplaudirme a mí".

Habla del dinero sin postureo: "Intento, cuando hago planes con los amigos, yo pondré la villa de vacaciones, pero ellos, sin hablarlo, van a pagar la compra". No hace falta discutirlo. "Por mucho dinero que tengas, el tiempo no lo voy a comprar".

De su hermano Álex, reconoce la dificultad de competir sin que se rompa algo por dentro: "Como hermano mayor, le senté y le dije: ‘Este año tiene pinta de que nos vamos a jugar muchas carreras y el lunes seremos hermanos’". Se dieron la mano. "Si pasa, tiene que pasar".

Imágenes | Ducati

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