En Japón nadie quería llamar "Ninja" a las Kawasaki, pero fue un americano el que cambió la historia

Lo que empezó con la GPZ900R terminó siendo la identidad completa de las deportivas de Kawasaki

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John Fernández

Ninja. Cuando se evoca a esa palabra, a la mayoría de gente le viene a la mente al guerrero japonés, o a Naruto. Pero los moteros tenemos un defecto: que solo pensamos en moto. Y cuando alguien dice "Ninja" inmediatamente nos evoca a la Kawasaki Ninja. La pregunta es: ¿por qué se llama Ninja? ¿Qué hay detrás?

Paradójicamente, la 'culpa' de que a la saga más famosa de la historia de la casa de Akashi no fue de los japoneses, sino de los norteamericanos. De hecho, los nipones eran reticentes a llamar a sus sagas "Ninja". Pero quedó par ala eternidad.

El nombre que no nació en Japón y acabó definiendo a todas las Kawasaki deportivas

Hay que remontarse a... ¿Cuándo llegaron las primeras Ninja? Pues ahí. Eso sucedió en los años '80, y Kawasaki estaba en búsqueda de la moto que pudiese plantar cara a Honda, Yamaha y Suzuki en el mercado estadounidense.

Nada más allá de la realidad, la marca no solo era ambiciosa, sino que supo materializar esa ambición en formato de moto deportiva que iba a cambiar las reglas del juego. Lo que pasó después fue una cuestión más de marketing que otra cosa; el marketing vende, y eso era lo que le faltaba a Kawasaki, identidad para vender.

Entonces entra en escena el equipo de Kawasaki en Estados Unidos. Concretamente su director de marketing, Mike Vaughan. A este hombre se le vino a la cabeza una idea muy concreta, sencilla y potente a la vez: el mundo vivía una fiebre occidental por la cultura nipona (casualmente como la de ahora, pero con otro enfoque) impulsada por las películas, cómics y una visión bastante romantizada de los guerreros de las sombras... o los ninjas. Y así, queridos lectores, nació la saga más famosa del planeta: las Kawasaki Ninja.

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Vaughan se quiso apropiar del concepto ya que ninja significaba sigilo, precisión, velocidad y eficacia letal. Para cualquiera que esté metido en la industria, sabe que las Kawasaki son precisamente eso.

Sin embargo, hubo un problema: que en Japón no gustó absolutamente nada la referencia. Claro, para ellos, que eran de allí, la idea de llamar "Ninja" a las motos sonaba más a cliché exportado que a identidad de marca. De hecho, durante el lanzamiento inicial, el nombre "Ninja" ni siquiera se utilizó de forma global. Era, en esencia, un experimento pensado para conquistar Estados Unidos.

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Y entonces, llegó la magia en formato de Kawasaki GPZ900R, en 1984. Aquella moto no solo era mejor en términos de rendimiento y velocidad que sus rivales japoneses, sino que redefinía el concepto de moto moderna con un motor potentísimo, una parte ciclo avanzadísima y una velocidad punta que directamente rompía con el techo. Era, en muchos sentidos, la primera superbike antes de que se populariza el concepto.

A partir de ahí, todo fue bastante orgánico: el mercado respondió, el nombre empezó a ganar fuerza y Kawasaki acabó adoptándolo de forma global. Y también es una lección, porque lo que empezó generando dudas en Japón terminó convirtiéndose en uno de los mayores aciertos de branding de la industria de la moto.

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Cuatro décadas después, Ninja es inefable a un concepto de moto. Ya no es solo un nombre o etiqueta comercial; más bien una idea que se ha pegando generación tras generación y es el sinónimo de una moto deportiva que ya tiene estatus de legendaria de por vida.

Imágenes | Kawasaki

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