El Gobierno mantuvo las ayudas a los carburantes para evitar un encarecimiento todavía mayor durante la operación salida del verano. Sin embargo, basta con acercarse a cualquier surtidor para comprobar que el alivio fiscal no ha impedido una subida importante del precio de la gasolina y el diésel.
Desde el 1 de julio ha dejado de aplicarse el IVA reducido del 10 % y los combustibles vuelven a tributar al tipo general del 21 %. A cambio, el Ejecutivo ha optado por una retirada gradual de la rebaja sobre el Impuesto Especial de Hidrocarburos: durante julio el descuento equivale a 15 céntimos por litro, en agosto bajará a 10 céntimos y en septiembre quedará reducido a cinco antes de desaparecer, salvo que el precio vuelva a dispararse y se active el mecanismo extraordinario previsto por el Gobierno.
Las gasolineras 'low cost' vuelven a marcar la diferencia
Sobre el papel parecía suficiente para amortiguar el golpe. En la práctica, el conductor sigue pagando bastante más que hace apenas una semana.
Las estimaciones realizadas antes de la entrada en vigor de la medida ya apuntaban a un incremento cercano a los diez céntimos por litro en gasolina y de varios céntimos en diésel, una previsión que se ha cumplido prácticamente desde el primer día.
Traducido al bolsillo, un depósito de unos 20 litros puede costar entre dos y cinco euros más que antes del cambio fiscal, dependiendo del combustible y de la estación de servicio elegida. Y eso justo cuando millones de motoristas y conductores comienzan sus desplazamientos de vacaciones. Ya ni hablar de coches, que es más caro por la capacidad.
Si hay un ganador en este nuevo escenario son las estaciones de servicio de bajo coste. Con los precios al alza, la diferencia entre repostar en una gran petrolera o hacerlo en cadenas como Plenergy, Petroprix, Ballenoil, BonÀrea o GM Oil vuelve a hacerse muy visible. Según diferentes estudios recientes, el ahorro puede alcanzar hasta 18 céntimos por litro, lo que supone alrededor de nueve euros en un depósito medio de 50 litros.
No es casualidad que estas compañías estén acelerando sus planes de expansión. En apenas seis años han pasado de representar menos del 10 % del mercado español a concentrar cerca de un tercio de las ventas de combustible, una cuota que continúa creciendo impulsada precisamente por la diferencia de precios.
¿Compensa repostar en una gasolinera barata?
Es una duda que aparece cada verano y la respuesta sigue siendo prácticamente la misma: el combustible que venden las estaciones de bajo coste debe cumplir exactamente las mismas normas europeas de calidad que el resto de operadores. La diferencia suele encontrarse en la estructura del negocio: menos personal, instalaciones más sencillas y menores costes de explotación permiten ajustar el precio final.
Las grandes marcas defienden que sus carburantes incorporan paquetes propios de aditivos destinados a mejorar la limpieza del motor o reducir depósitos internos. Sin embargo, esos aditivos no significan que un motor vaya a durar más ni que el consumo se reduzca de forma milagrosa.
Con el combustible varios euros más caro que hace apenas unos días, la prioridad para muchos usuarios vuelve a ser sencilla: encontrar la estación donde llenar el depósito cueste menos. Y este verano, más que nunca, unos pocos kilómetros de diferencia para repostar pueden traducirse en un ahorro considerable al final del viaje.
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