La hoja de ruta estaba clara cuando comenzó la década: en 2030 debía morir en las carreteras europeas la mitad de personas que al inicio de los años veinte. Sin embargo, a falta de cuatro años para alcanzar esa meta, los números dicen otra cosa. Spoiler: no está pasando.
El Consejo Europeo de Seguridad en el Transporte (ETSC), uno de los organismos que analiza la evolución de la siniestralidad vial en el continente, considera que el ritmo actual es insuficiente. La reducción de víctimas existe, pero avanza demasiado despacio como para llegar al objetivo marcado por la Unión Europea.
Hay países que ya están cerca... y otros que siguen muy lejos
Durante 2025 murieron alrededor de 19.500 personas en accidentes de tráfico y más de 100.000 resultaron heridas de gravedad. Comparado con 2019 supone una mejora del 15 %, pero para mantener el calendario previsto esa caída debería rondar ya el 30 %.
En otras palabras, Europa tendría que acelerar ahora el doble de lo que ha conseguido durante los últimos años.
Las estadísticas también muestran una realidad desigual. Mientras países como Polonia, Dinamarca o Bélgica han reducido con fuerza la mortalidad en carretera desde 2019, otros siguen avanzando mucho más despacio. Y luego están casos como Noruega y Suecia, que apenas mejoran porque ya partían de las cifras más bajas de todo el continente.
Eso deja una imagen bastante clara: Europa no evoluciona al mismo ritmo y la seguridad vial depende mucho del país en el que se mire.
La respuesta pasa, otra vez, por endurecer las normas
Ante ese escenario, el ETSC cree que la solución pasa por reforzar la presión sobre los conductores.
Entre las medidas que propone aparecen límites máximos de 30 km/h en ciudad, 70 km/h en carreteras convencionales y 120 km/h en autopistas, además de incrementar los controles policiales, las inspecciones técnicas y la inversión destinada a vigilancia del tráfico.
El organismo también pide que Bruselas no relaje las exigencias de seguridad para determinados vehículos, aunque hacerlo pudiera facilitar la comercialización de modelos eléctricos más baratos.
El gran ausente vuelve a ser el mismo
Hay un detalle que llama la atención al leer las recomendaciones del informe: prácticamente todo gira alrededor de restricciones, controles y vigilancia.
En cambio, apenas hay referencias a la educación vial o a la formación de los conductores como herramienta para reducir los accidentes a largo plazo.
Ese debate lleva años abierto. Basta mirar a Alemania para comprobarlo. Es el único gran país europeo que mantiene tramos de autopista sin límite general de velocidad y, aun así, registra una de las menores tasas de mortalidad vial del continente.
Eso no significa que la velocidad sea irrelevante, pero sí plantea una pregunta incómoda: quizá la diferencia no esté solo en los límites, sino también en la formación de los conductores, el estado de las carreteras, el cumplimiento de las normas y la cultura vial de cada país. Parece que todo se basa en prohibir a estas alturas de la viad.
Con el horizonte de 2030 cada vez más cerca, el ETSC tiene claro cuál debe ser el siguiente paso: más vigilancia y un mayor control sobre el tráfico. La duda es si eso bastará para cerrar la distancia que todavía separa a Europa de su gran objetivo o si seguirá faltando una parte esencial de la ecuación: educar antes de sancionar.
Imágenes | DGT
En Motorpasión Moto | Todos conocen a Valentino Rossi por sus motos. Muy pocos saben que su otro negocio acaba de perder 1,2 millones de euros
Ver 0 comentarios