Daijiro Kato murió demasiado pronto. Pero más de 20 años después sigue formando pilotos y quizá no exista un legado más bonito en MotoGP

Más de dos décadas después de su accidente mortal en Suzuka, cientos de niños japoneses siguen aprendiendo a correr gracias a una copa creada en su honor

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John Fernández

Hay campeones que ganan títulos; leyendas que cambian un deporte; y luego está Daijiro Kato. El eterno Daijiro Kato, un piloto que se marchó mucho antes de lo debido, llamado a ser una de las grandes proezas del motociclismo mundial, y cuyo nombre, aunque no se sepa demasiado, sigue apareciendo cada temporada en los circuitos de todo el mundo.

Más de dos décadas después de su accidente mortal en Suzuka, cientos de niños japoneses siguen aprendiendo a correr gracias a una copa creada en su honor. Y algunas historias no terminan cuando cae la bandera a cuadros.

Ai Ogura ha llegado a MotoGP por él

Los que siguen MotoGP saben de sobra que este deporte tiene una capacidad extraña para mezclar momentos de felicidad absoluta con otros que cuesta olvidar. Es pasión; celebran (celebramos) adelantamientos imposibles, salvadas milagrosas y victorias que pasan a la historia. Pero también cargan con recuerdos que nunca desaparecen.

Kato es uno de ellos. Porque para muchos aficionados jóvenes es simplemente un nombre asociado a una de las grandes tragedias del motociclismo moderno, pero para quienes lo vieron competir era más que eso. Era una de las promesas más grandes de la historia de las motos.

Conquistó 250 cc en 2001 con once victorias en una sola temporada, y era llamado a monopolizar la categoría reina algún día. Muchos todavía se preguntan qué habría pasado si hubiese coincidido durante más tiempo con Valentino Rossi en la categoría reina.

Pero nunca lo sabremos, porque el 6 de abril de 2003, durante el Gran Premio de Japón disputado en Suzuka, Kato sufrió un gravísimo accidente en la curva 130R. Falleció dos semanas después debido a las lesiones. Tenía apenas 26 años.

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Con el paso de los años, el motociclismo ha aprendido algo importante: los pilotos desaparecen, pero no su influencia. Eso es exactamente lo que representa la Daijiro Cup, una competición creada para ayudar a formar a nuevas generaciones de pilotos japoneses.

La idea es tan sencilla como bonita: niños de corta edad compiten sobre unas pequeñas motos de bolsillo de dos tiempos llamadas 74Daijiro, desarrolladas específicamente para la iniciativa. Allí aprenden los fundamentos de las carreras, adquieren experiencia, entienden cómo funciona la competición y comienzan a construir el camino.

Los japoneses, muy avezados en la ética y moral, también se esmeran profundamente en transmitir valores, disciplina, compañerismo y respeto. Exactamente las mismas cualidades que hicieron de Kato una figura tan querida dentro del paddock.

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Lo más fascinante es que funciona de verdad. ¿Quieren un ejemplo? Ai Ogura. Mucho antes de convertirse en campeón del mundo y llegar a MotoGP, el piloto japonés pasó por la Daijiro Cup cuando apenas era un niño.

Hay pilotos cuya memoria sobrevive gracias a estadísticas, vídeos o trofeos acumulados en vitrinas. Kato también tiene eso. Pero su influencia va mucho más allá. Su nombre sigue apareciendo cada fin de semana en forma de nuevos pilotos, vocaciones, sueños y hasta victorias como la de Ai.

MotoGP ha perdido figuras irreemplazables a lo largo de su historia. Daijiro Kato. Marco Simoncelli. Luis Salom. Nicky Hayden. Nombres que todavía provocan un nudo en la garganta a muchos aficionados. Pero más de 20 años después, el legado de todos sigue viviendo, como el de Daijiro. Larga vida.

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