A falta de uno, buenos son dos motores. Así se entiende mejor lo que es la Royal Enfield Vita: una chopper descomunal, exagerada y deliberadamente innecesaria, creada para demostrar hasta dónde se puede estirar una idea cuando el objetivo no es producir en serie, sino dejar a todo el mundo mirando dos veces.
El proyecto nace para el Yokohama Hot Rod Custom Show de 2025, uno de esos salones donde no se va a hablar de fichas técnicas realistas ni de planes de futuro, sino de pura artesanía mecánica. Para ello, Royal Enfield confió el encargo a Custom Works Zon, que decidió no complicarse… O complicarlo todo, según como se mire.
Dos motores, una sola idea: exagerar sin pedir perdón
La base son dos Royal Enfield Classic 650. No una. Dos. Dos motores bicilíndricos en paralelo que se han unido para formar un conjunto de cuatro cilindros refrigerado por aire y aceite, con una cilindrada conjunta que ronda los 1.300 cc y una potencia estimada cercana a los 100 CV. Números que ya de por sí chirrían en una chopper, y más todavía cuando vienen firmados por Royal Enfield.
La solución técnica es tan simple como retorcida. Ambos cigüeñales se conectan mediante una transmisión primaria por cadena, visible y deliberadamente expuesta, y todo el conjunto trabaja con una única caja de cambios de seis velocidades, la original de la 650. El resultado no es exactamente un motor nuevo, sino dos motores obligados a respirar y girar como uno solo, con todas las implicaciones térmicas y mecánicas que eso conlleva.
Alrededor de ese bloque imposible se ha construido un bastidor completamente a medida. El motor delantero va colocado más alto de lo habitual, una decisión que resuelve problemas de espacio entre admisión y escape y, de paso, refuerza esa silueta clásica de chopper larga, baja y estirada hasta el límite de lo razonable. No hay concesiones al confort ni a la practicidad: esto va de postura, proporción y presencia.
La parte ciclo mezcla tradición y rareza a partes iguales. Delante, una horquilla de paralelogramo con doble brazo longitudinal y monoamortiguador central, compacta y visualmente muy potente, que recuerda a soluciones históricas reinterpretadas con mentalidad moderna. Detrás, directamente hardtail, sin suspensión alguna. Las ruedas rematan el espectáculo: 18 pulgadas detrás y nada menos que 26 pulgadas delante, una cifra que explica por sí sola que esta moto no esté pensada para enlazar curvas.
Los detalles terminan de contar la historia. El depósito de aluminio no está donde esperas, sino oculto bajo el asiento monoplaza e integrado en la parte trasera. Y entre acero y aluminio aparece un invitado inesperado: la caoba, utilizada tanto con fines estructurales como estéticos, reforzando esa sensación de objeto artesanal más cercano a una escultura mecánica que a una motocicleta convencional.
Imágenes | Yokohama Hot Rod Custom Show/Custom Works
En Motorpasión Moto | Alguien pensó que era buena idea meterle un V8 aeronáutico a una bici sin frenos. La cosa se ponía a 200 km/h
Ver 0 comentarios