Los especialistas coinciden: para los moteros son más peligrosas las rotondas que el exceso de velocidad

Caídas, sustos y accidentes suelen empezar en maniobras que muchos conductores pasan por alto, y la mayoría ocurren lejos de un puerto de montaña.

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John Fernández

Cuando alguien piensa en los mayores peligros para un motorista, lo habitual es imaginar una carretera de curvas, una moto muy potente o una conducción demasiado rápida.

Sin embargo, la realidad suele ser mucho menos espectacular. La mayoría de los sustos llegan en situaciones completamente cotidianas, de esas que repetimos todos los días y a las que, precisamente por costumbre, dejamos de prestar la atención que merecen.

Las rotondas siguen siendo uno de los puntos más delicados

No es casualidad que muchos cursos de conducción insistan en una idea: los accidentes rara vez aparecen de la nada. Suelen venir precedidos por pequeños errores de anticipación, despistes o escenarios en los que otro usuario de la vía hace justo lo que menos esperábamos. Desarrollar ese "sexto sentido" que tantos motoristas experimentados mencionan acaba siendo casi tan importante como dominar la propia moto.

Las glorietas agilizan el tráfico, pero también concentran buena parte de las maniobras imprevisibles; conductores que cambian de carril sin mirar, vehículos que interpretan de forma diferente las prioridades o coches que simplemente no llegan a ver una moto.

Por eso conviene reducir ligeramente la velocidad antes de entrar, mantener siempre una vía de escape y no confiar nunca en que el resto de usuarios vaya a actuar exactamente como marca el reglamento.

El vehículo que te tapa la visión puede esconder un problema.. Circular detrás de un autobús, un camión o una furgoneta grande limita por completo la visibilidad. Adelantar de forma impulsiva sin saber qué ocurre delante es una de las situaciones más peligrosas que puede afrontar un motorista.

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Antes de iniciar cualquier adelantamiento conviene desplazarse ligeramente para ampliar el campo de visión y comprobar que realmente existe espacio suficiente para completar la maniobra con seguridad.

El cambio de carril inesperado. Pocas situaciones generan tanta tensión como avanzar entre vehículos lentos o detenidos y encontrarse con un coche que decide cambiar de carril en el último segundo.

Los intermitentes ayudan, pero no siempre aparecen. Mirar las ruedas delanteras de los coches, mantener una velocidad moderada y asumir que cualquiera puede invadir nuestro espacio sigue siendo una de las mejores defensas.

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Las puertas siguen siendo una trampa clásica. El conocido dooring continúa provocando accidentes en muchas ciudades. Basta con que un ocupante abra la puerta sin mirar para que el motorista apenas tenga margen de reacción.

Siempre que se circule junto a vehículos estacionados conviene dejar el mayor espacio lateral posible y extremar la atención si se aprecia movimiento en el interior del coche.

Cuatro gotas pueden cambiar completamente el asfalto. No hace falta un chaparrón para perder adherencia. De hecho, los primeros minutos de lluvia suelen ser especialmente delicados porque el agua se mezcla con polvo, combustible y restos de suciedad acumulados sobre el firme. Si empiezan a caer las primeras gotas, lo más sensato es reducir el ritmo, suavizar las frenadas y evitar inclinaciones bruscas hasta comprobar el nivel real de agarre.

El viento también conduce la moto. Las rachas laterales pueden desplazar una motocicleta varios centímetros en apenas un instante, especialmente en puentes, zonas abiertas o al adelantar vehículos pesados. Reducir ligeramente la velocidad, sujetar el manillar con firmeza y anticipar posibles golpes de viento ayuda a minimizar sus efectos.

El ABS funciona... aunque asuste. Muchos motoristas sienten cierta inquietud la primera vez que entra en funcionamiento el ABS. Las vibraciones en la maneta o el pedal pueden hacer pensar que algo va mal, cuando en realidad el sistema está evitando el bloqueo de las ruedas.

Precisamente por eso los especialistas recomiendan familiarizarse con su funcionamiento en un entorno seguro para que, llegado el momento, la reacción sea seguir frenando con decisión y no soltar los frenos por instinto.

La moto cambia cuando llevas pasajero o equipaje. Una moto cargada no frena igual, tampoco gira igual ni acelera de la misma manera. El reparto de pesos modifica su comportamiento y obliga a aumentar las distancias de seguridad y a anticipar mucho más cada maniobra.

Es un detalle que muchos conductores descubren precisamente cuando salen de viaje.

La distracción dura un segundo. Las consecuencias, mucho más. Mirar el navegador, ajustar un intercomunicador o simplemente desviar la vista hacia un escaparate puede parecer algo insignificante, pero sobre una moto cualquier segundo cuenta.

 Imágenes | Motorpasión Moto, Kawasaki, Capturas

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