Los cascos de moto no volverán a ser iguales en 2026. Hasta ahora protegían de dos maneras, pero nunca juntas. La historia acaba de cambiar completamente

Por primera vez, los cascos podrán gestionar en conjunto los impactos directos y las fuerzas de rotación, algo que hasta ahora se resolvía por separado

Casco1
Sin comentarios Facebook Twitter Flipboard E-mail
john-fernandez

John Fernández

Durante años, en el interior de un casco de moto se ha librado una pequeña guerra silenciosa. No entre marcas de motos, sino entre tecnologías. Por un lado, Mips, obsesionada con un enemigo invisible: las fuerzas de rotación que se producen cuando la cabeza impacta en ángulo. Por otro, Koroyd, centrada en absorber impactos directos con una solución tan llamativa como eficaz, basada en una estructura tubular que se aplasta de forma controlada.

Ahora, esa guerra se ha terminado. Mips ha comprado Koroyd. Y eso, aunque no lo parezca, puede marcar el siguiente gran paso en la evolución real de los cascos de moto.

La unión de dos formas distintas de proteger la cabeza

Hasta hoy, la mayoría de fabricantes tenían que elegir. O bien integraban Mips, con su capa de bajo rozamiento que permite un ligero deslizamiento entre casco y cabeza para reducir la aceleración rotacional, o apostaban por Koroyd y su capacidad para gestionar impactos lineales con gran precisión. Ambas tecnologías resolvían problemas distintos, pero competían por el mismo espacio, el mismo presupuesto y, muchas veces, la misma etiqueta comercial.

Con esta adquisición, ese dilema desaparece. Mips y Koroyd dejan de ser alternativas para convertirse en piezas del mismo sistema.

La clave está en cómo ocurren los accidentes reales. Rara vez un golpe es perfectamente frontal. Lo habitual es una combinación de impacto directo y torsión, una mezcla especialmente peligrosa para el cerebro. Hasta ahora, ningún sistema atacaba ambos frentes desde el diseño inicial del casco. Con Mips y Koroyd bajo el mismo techo, eso cambia: la protección frente a impactos lineales y rotacionales puede pensarse como un todo, no como capas añadidas a posteriori.

Portada1

Desde el punto de vista industrial, la operación tiene sentido. Mips paga alrededor de 44 millones de dólares, más incentivos ligados a resultados, por una empresa rentable y con aplicaciones que van mucho más allá de la moto: ciclismo, automovilismo, industria, defensa o sistemas de retención infantil. Koroyd seguirá existiendo como marca y mantendrá sus acuerdos actuales, pero el desarrollo tecnológico pasa a estar mucho más integrado.

¿Significa esto cascos más caros? Es una pregunta legítima. Cada movimiento de concentración en la industria levanta cejas, y no faltan voces críticas que recuerdan que ya existían cascos con ambas tecnologías. Pero aquí hay un matiz importante: no se trata solo de poner dos soluciones juntas, sino de diseñarlas de forma conjunta desde el primer milímetro de impacto hasta la disipación final de la energía.

Koroyd2

Para el usuario final, el efecto no será inmediato. No veremos de un día para otro una avalancha de cascos nuevos “revolucionarios”. Pero a medio plazo, sí puede traducirse en diseños más coherentes, menos compromisos internos y una protección más afinada a cómo se producen realmente los accidentes en carretera. Sin más tardar, 2026.

No es una compra pensada para titulares grandilocuentes. Es una jugada técnica, casi quirúrgica. Y precisamente por eso merece atención: porque cuando dos respuestas distintas al mismo problema físico pasan a formar parte de la misma caja de herramientas, el resultado suele ser algo más que marketing.

Imágenes | Mips, Koroyd

En Motorpasión Moto | "Le ha pasado por escuchar mucho al grupo de Rossi": El bloqueo de Bagnaia ante Márquez tiene culpable, y solo este hombre se ha atrevido a decirlo

Inicio