Lambretta pagó un pastizal al diseñador del Lamborghini Miura. Hizo una moto tan fea que les llevó a la ruina

Lo que pretendía conquistar a los jóvenes con una scooter revolucionaria acabó durando poco más de un año en el mercado

Miura
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John Fernández

Si existe un país motero per se en Europa, además de España, ese es Italia. El país de la pasta y Valentino Rossi vivió una transición curiosa tras la posguerra, a finales de los años '60. Eran tan innovadores que empezaron a hacer cosas surrealistas.

En ese contexto apareció un experimento singular: una Lambretta diseñada por el mismo genio que había creado uno de los superdeportivos más icónicos de la historia: el Lamborghini Miura.

Cuando Lambretta quiso ser futurista... Pero no

El resultado fue la Lambretta Lui, una scooter futurista concebida por Nuccio Bertone, el diseñador responsable de coches tan legendarios como el Lamborghini Miura. Sobre el papel parecía una idea perfecta que, spoiler, acabó haciendo aguas por todos lados.

Porque no nos engañemos: llevar la creatividad de un diseñador de superdeportivos al mundo de las scooters y motos suena muy, pero que muy bien. En la práctica, terminó siendo uno de los experimentos más extraños (y fallidos) de la historia de las dos ruedas.

Pero remontémonos a 1968. La firma italiana Innocenti, fabricante de Lambretta, buscaba reinventarse. El mercado juvenil se estaba volviendo muy competitivo y el segmento de ciclomotores de 50 cc (que podían conducirse desde los 14 años sin carnet en Italia) parecía un nicho prometedor, así que allá que se metieron.

El problema era que Innocenti había perdido terreno frente a sus rivales. Mientras otros fabricantes ya tenían ciclomotores específicos para adolescentes, Lambretta necesitaba algo diferente si quería volver a llamar la atención.

Scooter 1

¿Cuál fue su solución? Quién, más bien. Nuccio Bertone, que no era un diseñador de motos, sino uno de los grandes nombres del diseño automovilístico italiano. Bajo su firma habían nacido algunos de los coches más espectaculares de la época, incluido el Lamborghini Miura, considerado uno de los primeros superdeportivos modernos. Tenía carta blanca para hacer lo que quisiera... Y justo eso es lo que hizo.

En ese contexto tomó mucha fuerza la carrera lunar entre Estados Unidos y la Unión Soviética; era incluso una cultura popular. Así que en ese imaginario se basó Bertone para diseñar la nueva Lambretta. Nació la Lui.

La Lui rompía con la estética habitual de las scooters, pues tenía líneas muy limpias, un chasis compacto y detalles de diseño poco convencionales. Algunas versiones incluían un peculiar manillar trapezoidal con estructura abierta y un piloto trasero cromado muy característico.

Lui 2

Los colores también eran llamativos: naranja intenso, verde brillante o azul eléctrico. Todo buscaba transmitir modernidad y un aire futurista.

Incluso el lanzamiento se inspiró en la carrera espacial: la campaña publicitaria recreaba paisajes lunares y reforzaba esa idea de vehículo salido de otra época. Además, el proyecto se desarrolló con una rapidez sorprendente. Desde los primeros prototipos hasta la producción en serie pasaron apenas unos meses, algo muy poco habitual para la época, cuando el desarrollo de un scooter podía alargarse varios años.

Su gran pecado fue ser demasiado poco. ¿En qué sentido? Bueno, pues montaba un monocilíndrico de dos tiempos y solo 50 cc, con un cilindro vertical y una potencia irrisoria de 1,5 CV... Hasta una cortacésped daba más. La cuestión es que solo pesaba 68,5 kg, y eso la hacía tremendamente ligera y manejable. Hasta avanzaron a una versión de 75 cc.

Lambor1

El chasis era de chapa estampada con una sola viga central. En la parte delantera utilizaba una suspensión de bieletas oscilantes y atrás un sistema con el motor basculante y monoamortiguador. Las ruedas eran pequeñas, de tan solo 10 pulgadas, con frenos de tambor en ambos ejes. Sobre el papel cumplía con lo necesario para un ciclomotor urbano, pero tenía varios problemas.

Uno de ellos es que ni siquiera llegaba a los 40 km/h, a lo que se sumaban unas pequeñísimas ruedas que hacían que fuese tremendamente inestable. Y a nivel práctico no valía para mucho, pues ni siquiera tenía algunos elementos 'elementales' para la época, como ganchos para las bolsas.

El diseño fue tan, pero tan diferente, que acabó jugando en su contra. Casi nadie conectó con él, lo que se reflejó en las terribles ventas. Su vida comercial se redujo a menos de un año, hasta 1969, cuando Innocenti decidió retirarla.

Imágenes | Lambretta

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