Hace 62 años unos judíos crearon el Vespino alemán. Ahora denuncian que se está usando para lo último que ellos querían

Los herederos de la familia judía fundadora rechazan que la marca Simson sea usada con fines políticos por su carga histórica

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John Fernández

Los líos en política no son solo cosa de España. Y en Alemania hay pocas dos ruedas con el peso simbólico de una Simson. La Schwalbe, nacida en Suhl en plena RDA, es el ciclomotor más producido del país y para muchos, más que un simple medio de transporte, es un pedazo de memoria industrial.

Entre 1964 y 1988 salieron de la antigua VEB Fahrzeug- und Jagdwaffenwerk  (la fábrica, para entendernos) Simson Suhl más de 1,17 millones de unidades en sus distintas evoluciones KR 51, KR 51/1 y KR 51/2, todas con ese inconfundible dos tiempos que hoy suena a nostalgia pura… Y curiosamente, ese debate ahora se ha trasladado a la política.

La Schwalbe en campaña electoral

Varios medios alemanes como MOTORRAD han señalado que representantes de AfD (partido nacional-conservador y de derecha populista) están utilizando ciclomotores Simson como parte de su puesta en escena pública. El caso más visible es el de Björn Höcke, líder del partido en Turingia, que ha aparecido en actos de campaña a lomos de una de estas máquinas.

La jugada no es casual. La AfD ha impulsado en distintos parlamentos regionales del este alemán iniciativas para que Simson sea reconocida como patrimonio cultural inmaterial. En una moción presentada en Brandeburgo, la marca se describe como símbolo de “libertad, independencia e individualidad”, conceptos que el partido busca vincular a su discurso político.

El problema es que la historia de Simson no es neutra y los descendientes se desmarcan de ese proyecto. Concretamente son los herederos de la familia fundadora, de origen judío y actualmente residentes en Estados Unidos, que han reaccionado con contundencia. A través de su portavoz, Dennis Baum, han calificado cualquier asociación con la AfD de “repulsiva” y de “insulto” al nombre familiar. Para ellos, dicen, convertir la marca en bandera política es una burla a su propia historia.


Esa historia es incómoda. La empresa fue fundada por los hermanos Moses y Loeb Simson como fabricante de armas, diversificándose después hacia la automoción y las motos, e incluyendo el desarrollo del deportivo Simson Supra. Lo que sucedió a continuación es que en 1936, ya bajo el régimen nazi, la familia fue expulsada y obligada a vender la compañía antes de huir a Estados Unidos.

Durante la etapa de la RDA, la fábrica pasó a manos estatales y comenzó la producción masiva de ciclomotores bajo supervisión soviética. Tras la reunificación alemana, los descendientes intentaron recuperar el control del complejo industrial con un plan ligado a la producción de armas de caza, pero la Treuhandanstalt rechazó la propuesta y la familia recibió una compensación económica.

Más que un ciclomotor, algo así como el Vespino español o la Vespa italiana. La Schwalbe sigue siendo un icono en el este de Alemania por razones que poco tienen que ver con la política. Fue, en un momento complicado, movilidad barata que todos podían comprar, fue ingeniería simple pero robusta, fue libertad para generaciones enteras en un país con fronteras cerradas. De ahí que muchos aficionados miren con recelo que se la utilice como herramienta de campaña.

Imágenes | Simson, YouTube 

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