Hubo un tiempo en el que las motos no llevaban pantallitas, ni modos de conducción, ni sensores que pensaran por ti. Lo que sí había entonces, y sigue habiendo ahora, es un botón rojo bien visible en la piña derecha, ese que muchos apodan cortacorrientes, aunque su nombre oficial sea interruptor de parada del motor. El famoso kill switch.
Hoy casi todas las motos lo integran con el botón de arranque. Pulsas hacia un lado, el motor gira; hacia el otro, se para. Fácil. Lo curioso es que, teniendo llave de contacto, ¿por qué demonios hace falta otro sistema para apagar el motor? Tiene su ciencia, y la respuesta no nació en la calle, sino en los circuitos.
El botón rojo no rompe tu moto: rompe el mito
Las motos de carreras de dos tiempos de los ‘70 eran máquinas muy simples… Y muy salvajes, especialmente esto último. Para entender esa frase primero hay que saber que entonces las motos no llevaban batería, sino que funcionaban gracias a la propia generación eléctrica del motor, lo justo para que saltara la chispa en las bujías. Arrancaban a empujón y, en muchos casos, ni siquiera tenían llave.
Ejemplos hay muchos, pero sin ir más lejos, la mítica Yamaha TZ250, como podríamos hablar de cualquier otra. Subías a la moto, corrías… Y para apagarla, necesitabas un interruptor que cortara la chispa. De ahí el origen y necesidad del botón rojo, que no era comodidad, más bien necesidad mecánica que ha llegado hasta nuestros días.
Lo curioso es que no solo servía para apagar la moto al terminar la carrera. Cuando estamos en circuito, o simplemente en carretera, una caída no siempre significa que el motor se detenga. Puede seguir girando mientras la moto está tumbada, con gasolina derramándose y piezas calientes alrededor. Como comprenderás, es un cóctel nada agradable.
Por eso el interruptor de emergencia se volvió obligatorio: para cortar el motor al instante, ya fuera el piloto o incluso un comisario. En coches de carreras pasa lo mismo; muchos llevan un cortacorrientes externo claramente señalizado para que cualquiera pueda apagar el vehículo desde fuera en caso de accidente.
Como sucede con otros muchos inventos en el mundo de la moto, esa lógica acabó llegando a las motos de calle con el tiempo. Porque aunque ahora muchas motos modernas llevan sensores de inclinación que apagan el motor si detectan una caída, el botón rojo sigue ahí, y no es un simple adorno.
Y es aquí donde llega lo interesante: el famoso botoncito también es útil en el día a día aunque muchos apenas lo usen, o ni siquiera sepan para qué sirve exactamente. Hay quienes piensan, incluso, que es perjudicial.
En motos nuevas, cuando el cambio aún está duro y encontrar el punto muerto parece una misión imposible, apagar el motor facilita mucho las cosas. Y además tiene otra ventaja frente a girar la llave: si paras con el interruptor de emergencia, las luces y el cuadro siguen encendidos. Así puedes comprobar si realmente estás en punto muerto sin quedarte a oscuras.
Y luego está el mito de que apagando la moto con el kill switch, se daña algo de electrónica. Mentira. Ese interruptor está ahí porque el fabricante quiere que lo uses si hace falta, y el sistema está preparado para que cortar el encendido desde ese botón sea tan normal como girar la llave a OFF.
Si nos ponemos algo más técnicos, en una moto actual, al accionar el kill switch simplemente interrumpes el encendido o la inyección, nada más dramático que eso, lo que no quiere decir que haya picos de tensión o sobrecargas ocultas a causa de ello. Lo único que cambia respecto a usar la llave es que el contacto sigue dado y el cuadro permanece encendido. Si luego te bajas y la dejas así media hora, lo que puedes fundir es la batería. Pero la electrónica no sufre por culpa del botón rojo.
Imágenes | R-H
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