Hubert Kriegel tenía 58 años cuando decidió hacer una locura bastante sensata: venderlo todo y largarse a dar la vuelta al mundo en una moto con sidecar. Lo que iba a ser un viaje de tres años acabó convirtiéndose en más de una década seguida en la carretera, cruzando seis continentes, más de 50 países y unos 180.000 kilómetros, que se dice pronto.
Sin prisa, sin grandes planes y, sobre todo, sin fecha de regreso. Un viaje épico de los de verdad. Porque, quien no ha soñado con venderlo todo y viajar en moto… Pues este hombro encarna justamente esa historia.
180.000 kilómetros de viaje épico
Antes de eso, su vida ya había sido de todo menos lineal. Nació en Francia en 1946, dirigió una sala de baile en París, montó un negocio, vendió una inmobiliaria en Manhattan y fue padre de tres hijas en tres matrimonios distintos, repartidos entre Europa, California y Nueva York. Cuando la última se graduó en la universidad, lo vio claro: si se quedaba, en diez años seguiría siendo pobre; si se iba a viajar, también. La decisión, así vista, parecía bastante sencilla.
En 2005 vendió todo lo que tenía en Nueva York y salió hacia el norte en pleno invierno con una BMW R100GS y un sidecar Ural. El motivo era simple: sobre hielo y nieve, una moto sola acaba en el suelo tarde o temprano. Así que, qué mejor que ponerle un sidecar para tener más estabilidad y sitio para equipaje. Vale que era una opción mucho más lenta, pero para qué correr cuando quieres disfrutar del viaje; eso era justo lo que buscaba.
No tardó en cambiar de la GS a un Ural con tracción al sidecar, sin diferencial. Según él, la diferencia era que con diferencial, si una rueda patina, te quedas vendido; sin él, sigues avanzando. Gracias a eso pudo meterse en sitios donde una trail cargada hasta arriba no tendría nada que hacer. Siberia, por ejemplo. O la famosa ‘Road of Bones’, con temperaturas de hasta -40 grados. O cruzar el lago Baikal helado durante esas dos semanas al año en las que el hielo se vuelve transparente como el cristal. Todo eso hizo… Y más.
Ahora todos parecen querer viajar en trails grandes. Pero este hombre (y a pesar de haber empezado con una GS), invita a todo lo contrario. Decía: "Los mejores viajeros son los que van en una 125, porque llevan menos cosas y por eso suelen ser los más rápidos". Tampoco es que su kit de supervivencia fuese muy extenso: un cuchillo, alambre de acero inoxidable y cinta de aluminio. Con eso arreglaba lo que hiciera falta.
También tenía sus manías. No le gustaban las ciudades ni la burocracia. Y con la corrupción lo tenía claro: no pagar sobornos. Si hacía falta, se sentaba a leer el periódico. Precisamente conoció bien esos chanchullos; durante esos años cruzó América de norte a sur, subió hasta el Cabo Norte en Europa, atravesó Rusia y Mongolia en pleno invierno, recorrió África de Ghana a Namibia, llegó hasta el Himalaya indio y acabó rodando por Nueva Zelanda. Todo mientras lidiaba con una fibrosis provocada por el tratamiento de un cáncer que había superado décadas atrás.
Hubert Kriegel murió de forma inesperada en enero de 2018, a los 71 años, en Sacramento, California, Estados Unidos. Su sidecar quedó aparcado, pero su historia sigue rodando. En libros, en películas y en esa frase que repetía como un mantra y que resume bastante bien todo lo anterior: "No olvides tomar un riesgo hoy". De hecho, buscando su nombre en Google, es prácticamente la frase que más sale repetida.
Imágenes | Ural
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