Lleva dos años serrando radares de velocidad con una radial sin que le pille la Policía. Ahora ha vuelto a la carga

El tío de la radial ha tomado Italia, y ya lleva quince radares derribados

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John Fernández

Italia tiene un serio problema con los radares. O, mejor dicho, tiene muchos. Muchísimos. Tantos que se ha convertido en el país europeo con mayor densidad de radares por kilómetro, una red tan extensa que en algunas zonas parece más pensada para recaudar que para prevenir. A lo que hay que sumar que encima, de más de 10.000 que tienen, solo 1.000 estén homologados.

Y justo ahí es donde reaparece un personaje que no tiene rostro, ni nombre real, ni siquiera una identidad clara, pero sí un apodo bastante curioso y representativo: Fleximan. Que en italiano ‘flex’ significa ‘radial’, la herramienta de cortar. En nuestro idioma sería algo así como ‘radialman’, el tío de la radial.

Nadie ha sido capaz de detener a Fleximan, todavía…

No es exactamente un justiciero ni un loco aislado que va rajando radares a la mitad. Para entenderlo, Fleximan es más bien una idea; la encarnación de un hartazgo muy concreto y que podríamos llegar a entender muy bien en España por la saturación que también arrastramos. El caso es que es más bien una especie de grupo que va derribando radares, radial en mano, bajo la idea de un cansancio generalizado.

En 2024 dieron mucha guerra, pero habían desaparecido… Hasta que esta semana han vuelto a actuar: han tirado abajo dos radares más en una carretera cerca de Turín, en un tramo con límite de 70 km/h donde llevaban operativos desde 2023. La situación ha llegado a tal punto que no es algo aislado: ya son al menos quince los radares destruidos desde que empezó esta peculiar cruzada, siempre con el mismo método, siempre de noche y siempre sin dejar pistas claras porque en estos años todavía no han detenido a nadie por ello.

La paradoja es evidente. En ese mismo tramo, según las autoridades locales, los accidentes habían descendido tras la instalación de los radares. El alcalde de la localidad (los radares allí dependen de ayuntamientos y no de la ‘DGT italiana’) ha sido tajante al respecto y ha prometido que volverán a colocarlos cuanto antes: “La anarquía no puede prevalecer”, ha dicho.

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Y en el fondo tiene razón, al menos desde el punto de vista institucional. Pero el problema es que el debate ya no va solo de seguridad vial.

Italia recauda miles de millones de euros al año en multas de tráfico. En muchos municipios pequeños, los radares se han convertido en una fuente de ingresos casi estructural, algo que no ayuda precisamente a mejorar su imagen precisamente. En ese contexto nace Fleximan: gente cansada algo más que de los radares.

Imágenes | Parifex

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