MotoGP ha decidido mover ficha fuera de la pista. Según cita GPOne, el campeonato ha confiado a la agencia global de innovación jump! la evolución de su posicionamiento de marca, una decisión que va mucho más allá de una simple campaña de marketing.
Básicamente, apunta directamente al futuro del campeonato y a cómo quiere ser percibido por la próxima generación de aficionados. Cada vez se parece más a la Fórmula 1.
Cuando el problema ya no está en la pista, sino en cómo se cuenta MotoGP
El punto de partida no es casual. Durante 2025, MotoGP y jump! llevaron a cabo un trabajo de investigación directamente en los circuitos y entre potenciales nuevos seguidores. La conclusión fue clara y, hasta cierto punto, incómoda: los jóvenes buscan deportes que rompan moldes, que se sientan auténticos, intensos y capaces de transmitir emociones fuertes sin filtros. En otras palabras, no basta con competir al límite; hay que saber contarlo y hacerlo relevante en un ecosistema saturado de estímulos.
A partir de ahí se construye la nueva narrativa. MotoGP quiere reforzar su imagen como un deporte intrépido, visceral, casi salvaje en el mejor sentido de la palabra. No solo carreras, sino energía pura, coraje y la búsqueda de la grandeza más allá de las convenciones. Así lo resume Kelly Brittain, directora general de marketing global de MotoGP, cuando explica que "el espíritu de MotoGP va más allá de las carreras". El objetivo es doble: consolidar al aficionado histórico y, al mismo tiempo, resultar atractivo para quienes no han crecido con el campeonato y buscan experiencias deportivas que conecten con un estilo de vida más audaz.
En ese camino, los pilotos ganan todavía más peso. La estrategia pasa por potenciarlos como figuras heroicas y por aumentar la carga narrativa del campeonato, algo que ya se intuía en los últimos años con series documentales, contenidos digitales y una presencia cada vez más cuidada en redes sociales. Paul Kelders, director ejecutivo de jump!, lo explica de forma directa: "Para que una marca funcione de verdad, debe ofrecer algo irresistible". La clave, según él, está en unir los valores históricos de MotoGP con las aspiraciones de las nuevas generaciones, sin perder por el camino la esencia que ha hecho grande al campeonato.
Este giro estratégico no se plantea como una persecución desesperada de modas pasajeras. Desde jump! insisten en que se trata de una evolución coherente con el ADN de MotoGP. "No se trata de perseguir las tendencias, sino de permanecer fieles a lo que hace que MotoGP sea excepcional, al tiempo que se abre la puerta a nuevos aficionados", apunta Natalia Walters, directora de innovación de la agencia. Un matiz importante, porque marca la diferencia entre un simple lavado de cara y una transformación con recorrido.
Las consecuencias para el campeonato pueden ser profundas. A corto plazo, un refuerzo del relato y de la identidad puede traducirse en mayor impacto mediático y en una conexión más directa con públicos que hoy consumen deporte de otra manera. A medio y largo plazo, el objetivo es más ambicioso: ampliar la base de aficionados, incrementar el valor comercial y asegurar el atractivo del campeonato en un contexto de competencia feroz con otros deportes y formas de entretenimiento.
Este movimiento encaja, además, en un proceso que MotoGP ya había iniciado en 2024 con la renovación de su identidad visual. Ahora, la apuesta es convertir el campeonato no solo en uno de los espectáculos más impresionantes del mundo sobre el asfalto, sino en una marca cultural capaz de trascender las carreras del domingo. El reto está servido: mantener la credibilidad deportiva mientras se acelera en el terreno del relato. Y, como en la pista, no todos los riesgos salen gratis.
¿El problema? Que para cualquier chaval un plan en España vale 9,99 euros los tres primeros meses. Luego, 19,99 euros al mes. ¿Qué chaval se puede permitir eso al mes? Atraer al público joven es fácil, como cuando hace una década verlo era gratuito, y todo el mundo sabía quién era Lorenzo, o Pedrosa. Porque lo veían; era gratis. Ahora ya no lo ven porque vale un pastizal.
Imágenes | Michelin
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