Europa quiere frenar a China con sus motos, pero acaba de descubrir que no sabe ni qué significa el "made in Europe"

Francia quiere limitarlo a lo fabricado dentro de la UE, Alemania pretende incluir a sus socios comerciales y España propone una fórmula intermedia

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John Fernández

Que si China esto, que si China lo otro... pero, ¿y Europa? La industria europea quiere plantar cara a China, pero antes tiene que resolver una cuestión que parece más sencilla de lo que realmente.

Y se resume en una pregunta: ¿qué significa exactamente que un producto esté "Hecho en Europa"?

Francia, Alemania y España tienen tres ideas distintas

No es una pregunta rara, especialmente en la moto, donde las marcas chinas están ganando terreno a pasos agigantados con terrenos competitivos en precio y equipamiento. Mientras, las marcas de siempre intentan defender su posición, los propios países europeos no terminan de ponerse de acuerdo sobre qué productos deberían beneficiarse de un trato preferente.

¿Qué ha pasado? Pues que la Comisión Europea ha presentado una propuesta de Ley de Aceleración Industrial que contempla favorecer a los productos fabricados en Europa en determinados contratos públicos, incluidos potencialmente los vehículos.

El problema está en definir qué países y qué procesos de fabricación deben entrar en esa categoría.

Entonces, cada país tiene una visión: Francia defiende una interpretación restrictiva en la que solo debería considerarse europeo lo que se fabrica en la UE; Alemania, en cambio, quiere ampliar el concepto a sus socios; nosotros, España, se sitúa en un punto intermedio y plantea dividir a los países en tres niveles (27, países del Espacio Económico Europeo y socios fiables).

Fabrica

La diferencia importa porque no es lo mismo exigir que un producto se fabrique dentro de la UE que permitir que entren en esa definición países con los que existen acuerdos comerciales. La decisión puede determinar quién accede a las ventajas de una futura política industrial europea y quién se queda fuera.

Y todo esto sucede mientras Europa intenta responder a la presión industrial china: las negociaciones entre Bruselas y Pekín abarcan cuestiones como el acceso al mercado europeo de vehículos híbridos chinos y el suministro de tierras raras, esenciales para numerosas tecnologías.

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