Quien no ha tenido en casa una bolsa de pan duro... O unas cuantas. Ahora imagina que, en lugar de terminar en la basura, ese pan pudiera reducir las emisiones de tu moto sin que tengas que tocar ni un tornillo.
Pues es en lo que están trabajando unos investigadores de la Universidad de Pisa, publicado en la importantísima 'Journal of Enviromental Chemical Engineering'. Han conseguido transformar residuos de pan en levulinato de etilo, un compuesto de origen biológico que puede utilizarse como aditivo en combustibles.
Un biocombustible que puede mezclarse hasta al 40% en gasolina sin modificar el motor
En verdad, la clave no es solo que venga del pan, sino que funciona con lo que ya tenemos. El pan es uno de los residuos alimetarios más abundantes en todo el mundo. Es barato, está disponible a grandes volúmenes y no compite con otros cultivos 'nobles'.
Estos italianos han desarrollado un proceso relativamente simple que consiste en emplear ácido sulfúrico diluido como catalizador y trabajan con altas concentraciones de biomasa. Ajustando temperatura, tiempos y proporciones han logrado un rendimiento del 57% en la producción de levulinato de etilo.
El levulinato de etilo ya se conocía como aditivo oxigenado para diésel. Lo nuevo es que lo han probado también en motores de gasolina, mezclándolo con combustible comercial en proporciones muy altas, hasta un 40% en volumen.
¿El resultado? El rendimiento del motor no se ve afectado de forma significativa y no son necesarias modificaciones en los motores de combustión interna actuales.
Ahí es donde el tema se pone interesante, porque el combustible experimental no obliga a rediseñar motores o a cambiar inyectores, manguitos y centralitas. Si puede mezclarse hasta en un 40% con gasolina comercial sin afectar de forma significativa al rendimiento, eso significa que es compatible.
El levulinato de etilo actúa como aditivo oxigenado. Traducido al castellano: ayuda a que la combustión sea más eficiente, favoreciendo una quema más limpia de la mezcla y reduciendo determinadas emisiones contaminantes. Además, al sustituir parte de la fracción fósil del combustible, baja la dependencia directa del petróleo.
Con perspectiva, la jugada tiene su lógica, pues aprovecha uno de los residuos alimentarios más abundantes del planeta para generar un componente que ya sabemos que funciona en combustibles sin llegar a competir cultivos destinados a alimentación y sin exigir una transformación radical.
Imágenes | Motorpasión Moto, Universidad de Pisa
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