Ni China ni India. Las primeras motos baratas en Europa las hizo Maserati, y fueron básicas tras la Segunda Guerra Mundial

Maserati se reinventó con la Segunda Guerra Mundial y empezó a hacer motos

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John Fernández

Que Maserati tenga un pasado ligado a las motos es algo que muy pocos conocen. La marca del tridente está asociada al coche deportivo italiano carísimo… Pero, ¿motos? Pues sí. Y no por lujo, sino por todo lo contrario: porque acababan de salir de la posguerra y necesitaban motos baratas; Vespa hizo algo parecido.

Fue una historia corta, de apenas ocho años, pero lo bastante intensa como para dejar modelos llamativos, alguna ambición deportiva y un final tan italiano como inevitable.

Empezaron bien, acabaron muy mal

La clave está en un matiz que suele pasarse por alto: cuando aparecieron las motos, la familia Maserati ya no pintaba nada en la empresa. La firma había nacido en Bolonia en 1914, con los hermanos Maserati centrados en coches deportivos, máquinas de herramientas y casi al mismo tiempo, en la fabricación de bujías y componentes eléctricos. Las motos, en aquel primer Maserati, ni estaban ni se las esperaba.

Sin embargo, todo cambió en 1937, cuando la empresa fue vendida a la familia Orsi. Los hermanos siguieron ligados durante un tiempo como técnicos, pero el control ya era otro. Dos años después, se trasladaron a Módena, y empezaron una nueva etapa muy condicionada por la Segunda Guerra Mundial. Con el uso privado del coche prohibido, Maserati tuvo que reconvertirse haciendo máquinas herramienta, vehículos eléctricos de tres ruedas, material militar y acumuladores. Pero nada de momentos, todavía…

Terminada la guerra y agotado el contrato, los hermanos Maserati se marcharon definitivamente en 1947 para fundar OSCA en Bolonia. Ese mismo año, casi en paralelo y ya bajo el paraguas de los Orsi, nacía la sociedad vinculada a bujías y acumuladores que acabaría siendo la puerta de entrada a las motos. Primero llegó una reordenación interna del grupo, con repartos de acciones algo caóticos y un detalle clave: el uso del tridente quedó limitado por contrato, peroal final acabó también en los depósitos de gasolina de unas motos.

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La decisión llegó en 1953. Italia estaba en plena reconstrucción, la gente necesitaba desplazarse y no había dinero para coches. Las motos, scooters y ciclomotores eran la solución lógica que Vespa ya estaba ‘aprovechando’. El contexto era perfecto, aunque Maserati no tenía experiencia mucha idea de motos; ninguna de hecho. Así que compraron Italmoto, un pequeño fabricante boloñés con modelos bastante básicos de 125 y 160 cc. Se trasladó todo a Módena, empleados incluidos, y en cuestión de meses empezaron a salir las primeras Maserati de dos ruedas, que no eran otra cosa que motos Italmoto con otro emblema. Eso nos suena a China ahora.

A partir de ahí, fueron tomando forma porque las primeras motos no fueron precisamente buenas: corrigieron defectos, mantuvieron en producción la 160 T4 durante años y empezaron a trabajar en nuevas motos. Como era habitual entonces, casi todo se hacía en casa, con proveedores locales para componentes concretos. Los motores ensamblados a mano, los chasis fabricados en la propia Bolonia y honestamente, tenían una forma de trabajar muy artesanal y poco global.

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La primera Maserati “de verdad” llegó en 1954, con un dos tiempos muy inspirado en los motores alemanes de referencia de la época. Funcionó. Y funcionó bien. Las ventas acompañaron, ayudadas por el prestigio del nombre, aunque la empresa de coches fuera otra historia paralela. Entre tanto, seguían mejorando motores, añadiendo potencia y hasta metieron cajas de cuatro marchas a algunas motos.

Hasta pensaron a lo grande. En el Salón de Milán de 1955 se presentaron modelos de cuatro tiempos realmente interesantes, incluyendo una 175 y una 250 cc que aspiraban a ser lo más de lo más en la época. Pero los problemas empezaban a llegar: desarrollos muy largos, cambios constantes… Y muchos proyectos ni siquiera vieron la luz.

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De hecho, llegaron tan lejos que Maserati también se metió en competición. No de forma oficial y costosa, sino apoyándose en concesionarios y pilotos privados como el Motogiro o el Milán-Taranto, carreras de carretera y montaña en la que sus pilotos tenían resultados bastante dignos.

Pero el mercado no espera… A finales de los ‘50, el panorama cambió radicalmente. El Fiat 500 puso a Italia sobre cuatro ruedas y las motos dejaron de ser una necesidad para convertirse en una elección, como ahora. Maserati Moto arrastraba problemas financieros, deudas sin cobrar y una estructura poco preparada para competir en ese nuevo escenario que acabaron por matar el proyecto de la moto.

La aventura terminó como había empezado: en silencio. Liquidaron, cerraron y vendieron la marca por una cantidad simbólica solo ocho años después. Las motos desaparecieron y hoy en día apenas quedan algunas unidades.

Imágenes | Maserati Moto

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