Una riada tiró medio puente abajo. Los vecinos siguen circulando por encima porque la alternativa es pagar otro depósito de gasolina

El puente de Palaeopyrgos quedó inutilizado tras la tormenta Daniel, pero muchos vecinos continúan utilizándolo

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John Fernández

No hace falta irse a una carretera perdida de Asia o Sudamérica para encontrar escenas difíciles de creer. En pleno continente europeo existe un puente cuya estructura cedió hace casi tres años y que, pese a estar oficialmente clausurado, continúa formando parte del recorrido habitual de muchos conductores.

Ocurre (porque sigue pasando, sí) en Palaeopyrgos, una localidad griega donde el paso del tiempo ha terminado cambiando una prohibición por una costumbre. Los vecinos saben que el puente está dañado y también que no debería utilizarse. Aun así, basta con esperar unos minutos para ver cómo lo terminan cruzando hasta motos con absoluta normalidad... La explicación no está en que el puente haya sido reparado. Ni mucho menos.

El agua se llevó el apoyo del puente, pero no el tráfico

La historia comienza en septiembre de 2023. La tormenta Daniel descargó con una fuerza poco habitual sobre Grecia y dejó tras de sí una larga lista de carreteras destrozadas, pueblos aislados y puentes que dejaron de prestar servicio de un día para otro. La región de Tesalia fue una de las más castigadas y el puente de Palaeopyrgos acabó formando parte de esa lista.

La estructura resistió, aunque solo en parte... el tramo central perdió el apoyo y el tablero terminó deformándose hasta quedar muy cerca del cauce del río Pineios. Aquella imagen bastó para que las autoridades prohibieran el paso de cualquier vehículo mientras se estudiaba qué hacer con la infraestructura.

Tres años después, el puente sigue prácticamente igual. Lo que sí ha cambiado es el comportamiento de quienes viven alrededor.

Un rodeo que pocos quieren hacer

Las imágenes publicadas por LarissaNet muestran que la carretera nunca llegó a desaparecer del todo: los conductores reducen la velocidad, afrontan con cuidado el desnivel que dejó el hundimiento y continúan su camino como si esa deformación formara parte del firme desde siempre.

¿Por qué seguir utilizando un puente en esas condiciones? Porque la alternativa tampoco resulta demasiado atractiva.

El recorrido obliga a utilizar la autopista nacional, lo que implica añadir varios kilómetros a cada desplazamiento. Para cualquiera que pase por allí de forma puntual quizá sea una molestia menor, pero para agricultores y vecinos que hacen ese trayecto prácticamente todos los días supone invertir más tiempo y gastar más combustible.

Con el paso de los meses, muchos han terminado aceptando el riesgo como parte del viaje.

Una carretera cerrada... que nunca llegó a cerrarse del todo

Otro detalle ayuda a entender por qué la situación continúa repitiéndose. Según el medio griego, el acceso al puente no está completamente bloqueado, pues no hay un cierre físico que haga imposible llegar hasta él y tampoco existe un control permanente que impida el paso de vehículos.

Incluso algunos navegadores siguen considerando esa carretera como la opción más rápida para llegar al otro lado del río.

Oficialmente está cerrado desde 2023. En la práctica, sigue formando parte del día a día de quienes prefieren confiar en una estructura dañada antes que añadir unos kilómetros más a cada viaje. La desidia de las administraciones no es solo cosa de allí; aquí también tenemos casos como el de la carretera sin arreglar que unió a un centenar de vecinos cántabros para ponerla al día y poder transitar por ella.

Imágenes | LarissaNet

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