Honda le ha enseñado a la IA a conducir una moto tan bien que ya lo hace mejor que muchos humanos

Honda ha desarrollado una inteligencia artificial capaz de analizar la carretera y elegir trayectorias más seguras para motos

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John Fernández

La inteligencia artificial lleva años aprendiendo a conducir coches, pero las motos siempre habían sido un problema mucho más complejo. Un coche puede permitirse pasar sobre un bache, atravesar un charco o pisar una zona deteriorada del asfalto sin demasiadas consecuencias. Una moto no. Un simple agujero, una mancha de gravilla o un charco aparentemente inofensivo pueden acabar con el piloto en el suelo en cuestión de segundos.

Y precisamente por eso este nuevo estudio presentado por investigadores de Honda Research Institute, la Universidad de Maryland y Northeastern University resulta tan interesante, porque no intenta enseñar a una moto a acelerar o girar sola, sino que intenta enseñarle algo mucho más difícil: pensar como un motorista experimentado.

No se trata de ver la carretera, sino de entenderla

Hasta ahora la mayoría de sistemas de asistencia funcionan como una especie de radar avanzado: detectan objetos, identifican obstáculos y reaccionan ante ellos. El problema es que ver algo no significa entenderlo.

Un motorista veterano no ve simplemente un charco, sino la posibilidad de que debajo haya un bache. No ve únicamente un cono de obras, sino que entiende que probablemente existe un peligro más adelante. No observa solo una grieta en el asfalto, sino que calcula automáticamente si puede afectar a la trayectoria o comprometer la adherencia.

La nueva IA desarrollada por Honda intenta reproducir exactamente ese proceso mental, y para conseguirlo utiliza modelos visuales y lingüísticos similares a los que están detrás de herramientas como ChatGPT. Primero analiza la imagen captada por una cámara frontal, después interpreta qué está viendo y asigna niveles de riesgo a cada elemento presente en la carretera.

Un bache profundo puede convertirse en una amenaza crítica; un charco recibe una valoración distinta dependiendo de su tamaño y contexto; incluso señales indirectas como conos, vehículos de mantenimiento o zonas de obras permiten a la IA anticipar peligros que todavía no aparecen directamente delante de la moto.

La diferencia aparece cuando la situación se complica. Lo más llamativo del estudio es que los investigadores compararon varios sistemas distintos. Uno utilizaba únicamente detección convencional de obstáculos, otro añadía capacidades básicas de análisis, y el tercero incorporaba el razonamiento contextual completo desarrollado por Honda.

Los resultados muestran algo muy revelador: cuando el escenario es sencillo, las diferencias son relativamente pequeñas, pero cuando aparecen situaciones complejas, la ventaja de la inteligencia artificial se dispara.

En escenarios con baches grandes, obstáculos ambiguos o señales que anticipan peligros ocultos, el sistema con razonamiento contextual consiguió mejores tasas de éxito y una exposición significativamente menor a los riesgos.

Traducido al lenguaje de cualquier motorista: cuanto más complicada se vuelve la carretera, más útil resulta la capacidad de interpretar lo que está ocurriendo y no simplemente reaccionar cuando el peligro ya está delante.

Honda busca algo mucho más ambicioso… Este proyecto tampoco aparece por casualidad, pues Honda lleva años hablando de un objetivo que muchos consideran prácticamente imposible: alcanzar cero víctimas mortales relacionadas con sus motocicletas para el año 2050.

El ABS ya existe, el control de tracción también, los radares empiezan a ser habituales… pero la industria sabe que la mayoría de accidentes siguen teniendo un componente humano enorme.

Por eso el siguiente salto tecnológico probablemente no llegará desde un motor más potente o unos frenos mejores, sino que llegará desde motos capaces de interpretar el entorno, anticipar peligros y advertir al conductor antes incluso de que éste los haya detectado.

Todavía queda mucho camino, y es que conviene mantener los pies en el suelo. La IA todavía no controla una motocicleta real. Las pruebas se han realizado en el simulador CARLA y los propios investigadores reconocen que existen limitaciones importantes. El sistema todavía debe ganar velocidad, funcionar en tiempo real y demostrar que puede enfrentarse al mundo real fuera de un entorno virtual.

La inteligencia artificial todavía no conduce motos sola, pero acaba de empezar a aprender algo que muchos motoristas tardan años en dominar: interpretar la carretera como lo haría un piloto experto.

Imágenes | Honda

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