Cuando vamos encima de una moto hacemos cosas involuntarias, o directamente cosas en las que nunca hemos pensado: cambiar de marcha, dosificar el embrague o apoyar el pie... Movimientos reflejos, automatismos, vaya. Los especialistas dicen que son acciones conscientes que pasan a formar parte de eso que llamamos memoria muscular.
Con el contramanillar ocurre algo parecido, aunque aquí hay una diferencia notable: probablemente es la maniobra más decisiva a la hora de tomar una curva, y muchos motoristas ni siquiera la conocen, y mucho menos, saben que la están llevando a cabo, pero es uno de los mejores automatismos posibles que podríamos tener guardados.
El movimiento que todos hacemos sin querer... queriendo
Suena extraño porque contradice la propia intuición, ¿no? Porque si alguien te preguntara cómo se gira una moto hacia la derecha, pues lo lógico sería responder que girando el manillar hacia la derecha. Pero no, porque el problema es que, cuando aumentamos la velocidad en moto, la física deja de comportarse como esperamos.
Empecemos por lo básico, y es que no hace falta ir rápido, en contra de lo que se pueda pensar. A partir de los 10 o 20 km/h, dependiendo de la moto y situación, el comportamiento cambia radicalmente...
Cuando quieres entrar en una curva a derechas, lo que haces de forma automática es ejercer una ligera presión hacia delante sobre el puño derecho. ¿Qué pasa a continuación? Pues que durante un instante casi imperceptible, la rueda delantera apunta hacia la izquierda, y con ese pequeño movimiento, provocamos que la moto empiece a inclinarse hacia la derecha. ¿Magia? No, geometría.
Todo sucede tan rápido, en unas milésimas de segundo, que al cerebro no le da tiempo a registrarlo. Por eso, muchos están convencidos de que nunca han hecho contramanillar cuando en realidad lo hacen constantemente. No es que sea una técnica para pilotos ni profesionales, sino que es, sencillamente, la única manera en que una moto puede iniciar un giro cuando ya no va despacio.
Es un fenómeno relativamente moderno que empezó a estudiarse en los años ‘70, cuando aparecieron las primera sinvestigaciones sobre las fuerzas que los pilotos aplicaban al manillar y publicaciones especializadas explicaban por qué esa aparente contradicción era completamente normal. Revistas como Cycle World popularizaron el concepto entre los motoristas de la calle, y los aficionados empezaron a ser conscientes de su aplicación en la carretera.
Era y es habitual escuchar que una moto gira gracias al efecto giroscópico de las ruedas, y tiene parte de verdad. De hecho, no es que sea mentira, pero sí que es una afirmación incompleta en el sentido que, en una moto, intervienen varios factores al mismo tiempo.
El efecto giroscópico, entonces, ayuda, sí, pero también lo hacen la geometría de la dirección, el avance de la horquilla, el desplazamiento del centro de masas y la forma en la que el neumático genera fuerza lateral.
Lo realmente interesante es otro punto: el miedo. Porque lo verdaderamente interesante no es saber cómo gira una moto, sino entender por qué muchos acaban saliéndose de la trazada y se marcan un recto cuando una moto tiene suficientemente margen para girar. Pues por eso: la cabeza, la mente; el miedo.
Cuando aparece un guardarraíl demasiado cerca, un coche invade parcialmente el carril o una curva se cierra más de lo esperado, entra en juego un fenómeno muy conocido en los cursos de conducción: la fijación del objetivo, o target fixation.
En lugar de mirar hacia la salida de la curva, la vista se queda clavada en aquello que queremos evitar. Y, casi sin darnos cuenta, dejamos de aplicar la presión necesaria sobre el manillar interior. Algunos intentan corregir moviendo únicamente el cuerpo. Otros giran el manillar como harían con un coche.
La consecuencia es la que es: la moto deja de inclinar lo suficiente y ese miedo de que no gira, cuando en realidad el problema no es de la moto, sino de la cabeza y en el orden que está recibiendo.
Es ese el motivo por el que los instructores insisten en practicar el contramanillar desde bien temprano, desde que se empieza a montar en moto; incluso antes, mentalmente. La idea es que, cuando aparezca un obstáculo inesperado, la reacción correcta salga sola.
Imágenes | Yamaha
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