La Isla de Man tiene fama de ser uno de los últimos paraísos de la velocidad en Europa. Cada año miles de motoristas desembarcan allí atraídos por el Tourist Trophy, las carreteras de montaña sin límite y la posibilidad de rodar donde compiten algunas de las motos más rápidas del planeta.
El problema es que algunos parecen olvidar un detalle importante: la Isla de Man no es un circuito, y aunque las carreteras no tengan un límite espiritual, sí que lo tiene a nivel legal, y las cifras que está dejando el TT de 2026 empiezan a preocupar seriamente a las autoridades locales.
El TT atrae a miles de motoristas... y también algunos excesos
Porque las multas por exceso de velocidad ya han superado todas las registradas durante la edición completa del año pasado cuando todavía ni siquiera habían terminado las carreras. Y entre todas ellas hay una que sobresale por encima del resto: un motorista cazado a 188 millas por hora, unos 302 km/h, dentro de una zona limitada a 50 mph, aproximadamente 80 km/h.
La montaña no tiene límite, los pueblos sí, y muchos no lo saben. Lo que ocurre cada año durante el TT es bastante peculiar: la famosa carretera de montaña de Snaefell se convierte prácticamente en un santuario para los aficionados a la velocidad. Allí no existe un límite máximo como tal y miles de visitantes aprovechan para experimentar algo que ya casi ha desaparecido en Europa.
Sin embargo, basta atravesar un núcleo urbano para que las normas vuelvan a ser exactamente las mismas que en cualquier otro lugar. Según ha explicado la policía isleña, durante esta edición han detectado numerosos casos de conductores circulando al doble de la velocidad permitida en pueblos y zonas residenciales. Algo especialmente delicado porque durante las semanas del TT las carreteras están llenas de turistas, vecinos, peatones y tráfico local.
La situación ha llegado hasta el punto de que las sanciones acumuladas ya superan las de toda la edición de 2025. Las autoridades insisten en que no pretenden convertir la Isla de Man en un lugar hostil para los aficionados. De hecho, buena parte de la economía local depende precisamente del Tourist Trophy y de los miles de visitantes que llegan cada año desde toda Europa.
Pero existe una diferencia enorme entre disfrutar de las zonas habilitadas para rodar rápido y convertir cualquier carretera abierta al tráfico en una prolongación del circuito, por eso la policía ha endurecido los controles en los accesos a los pueblos y recuerda que los casos más extremos pueden acabar incluso en los tribunales por conducción temeraria.
La paradoja es curiosa, y es la siguiente: la Isla de Man sigue siendo uno de los pocos lugares del mundo donde todavía es posible rodar legalmente a velocidades que serían impensables en casi cualquier país europeo. Y aun así, algunos siguen encontrando la forma de pasarse de la raya.
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