La gran mentira de los neumáticos de moto: casi nadie comprueba el agarre, hasta que se caen. La culpa es de la "cristalización"

Hay motos que pasan años en un garaje con las ruedas aparentemente nuevas, pero eso no significa que sigan siendo seguras

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John Fernández

Comprar una moto de segunda mano suele empezar siempre igual: se revisan los kilómetros, las posibles caídas, el estado del motor y, casi de forma automática, llega el momento de agacharse para mirar las ruedas. Si todavía conservan mucho dibujo, la sensación es de alivio. Parece un gasto menos. Después de todo, si apenas se han desgastado, lo lógico es pensar que todavía les queda mucha vida.

Pero no. Los neumáticos juegan con unas reglas muy distintas a las de casi cualquier otra pieza de la moto. Un motor puede permanecer parado años y volver a funcionar tras una buena puesta a punto. Un neumático, en cambio, sigue envejeciendo incluso cuando la moto no sale del garaje. Lo hace despacio, casi sin dar señales visibles, hasta que un día deja de ofrecer el agarre que aparenta tener. Y ese es precisamente el problema: el dibujo indica cuánto se ha gastado una rueda, pero no cuánto agarre conserva.

El neumático sigue cambiando incluso después de salir de fábrica

Mucha gente cree que el proceso termina cuando el neumático abandona la cadena de producción. No es así.

Durante su fabricación, el caucho pasa por un proceso de vulcanización que le da la elasticidad necesaria para soportar miles de kilómetros de uso. Pero una vez montado en la moto comienza otro proceso mucho más lento: el envejecimiento del compuesto.

Con el paso de los años, parte de los aceites y plastificantes que mantienen flexible la goma van desapareciendo o migrando hacia la superficie. Al mismo tiempo, el oxígeno, el ozono, las variaciones de temperatura o la radiación ultravioleta modifican poco a poco la estructura del material. El resultado es una goma cada vez más rígida, menos capaz de deformarse sobre el asfalto y, por tanto, con menos adherencia.

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Es un fenómeno ampliamente conocido por fabricantes y especialistas en neumáticos, aunque en el mundo de la moto casi siempre se resume con una expresión mucho más sencilla: el neumático "se ha cristalizado". Técnicamente no cristaliza, pero el término describe bastante bien cómo acaba comportándose.

Lo curioso es que todo esto puede suceder sin que el dibujo apenas cambie.

Una moto parada durante años puede tener peores ruedas que otra con 20.000 kilómetros

Es uno de esos casos en los que la intuición falla. Cuando una moto permanece años inmóvil, mucha gente piensa que está conservando los neumáticos. En realidad sucede justo lo contrario: al no trabajar, el compuesto tampoco alcanza nunca su temperatura de funcionamiento ni mantiene la elasticidad para la que fue diseñado. El tiempo sigue haciendo su trabajo mientras la moto permanece quieta.

Por eso es relativamente habitual encontrar motos de colección, scooters urbanos con muy poco uso o motos heredadas cuyos neumáticos parecen prácticamente nuevos, pero que ya no ofrecen el comportamiento para el que fueron fabricados; es una sensación visual simplemente.

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El primer aviso suele llegar en una rotonda, durante una frenada o al acelerar con decisión al salir de una curva. La moto transmite una sensación extraña, como si el asfalto hubiera perdido adherencia de repente. Algunos conductores lo achacan a la suspensión, a la presión de las ruedas o incluso a la suciedad de la carretera.

En muchos casos, el verdadero culpable está justo debajo: una goma endurecida por el paso del tiempo.

El agarre no depende solo del dibujo

Cuando un neumático funciona correctamente, el compuesto es capaz de adaptarse a las pequeñas irregularidades del asfalto. Esa deformación microscópica es una parte esencial del agarre, especialmente cuando el firme está frío o mojado.

Si la goma se endurece, pierde esa capacidad. Además, tarda mucho más en calentarse y, en ocasiones, ni siquiera llega a alcanzar la temperatura en la que fue diseñada para trabajar. Eso explica por qué un neumático envejecido puede ofrecer sensaciones muy diferentes a otro con más kilómetros, pero fabricado hace menos tiempo.

El código DOT dice mucho más que el dibujo

Hay una información que muchos motoristas pasan por alto y que resulta mucho más útil que observar únicamente los surcos: se trata del código DOT grabado en el flanco del neumático. Sus cuatro últimos números indican la semana y el año de fabricación. Un código terminado en 2221, por ejemplo, significa que esa rueda salió de fábrica durante la semana 22 de 2021.

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No existe una fecha legal de caducidad en Europa, pero organismos como el ADAC recuerdan que la edad del neumático debe tenerse muy en cuenta, especialmente cuando supera varios años desde su fabricación. En el ámbito de la moto, fabricantes y especialistas recomiendan revisar con especial atención el estado del compuesto a partir de los cinco años y valorar su sustitución según el uso, el almacenamiento y el estado general de la goma.

Cómo saber si una rueda ya no está en condiciones

Una superficie excesivamente brillante, un tacto más duro de lo habitual, pequeñas grietas en los flancos, un aspecto grisáceo o una sensación de poca adherencia durante la conducción son señales que pueden indicar que el compuesto ha envejecido más de la cuenta. Si además el código DOT revela que lleva muchos años fabricado, conviene desconfiar aunque todavía conserve buena parte de su dibujo.

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Y hay otra mala noticia para quien piense que puede recuperarlo: no existe ningún tratamiento capaz de devolver al caucho las propiedades que ha perdido con el paso del tiempo. Ni rodar unos cientos de kilómetros, ni calentar la goma, ni realizar aceleraciones fuertes consiguen revertir ese proceso. Cuando el compuesto ha endurecido por envejecimiento, la única solución realmente eficaz pasa por sustituir el neumático.

Imágenes | Conti, Motorpasión Moto, Michelin

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