"He pasado miedo" en el Motorbeach. El festival de motos donde la única norma era que no había normas, y por qué la libertad puede ser su condena

El año que podía consolidar Motorbeach ha terminado convertido en el más polémico de su historia

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John Fernández

Hay festivales que terminan cuando se apagan los escenarios. Y luego está el caso del Motorbeach 2026, cuya conversación más intensa empezó precisamente cuando los últimos asistentes ya habían recogido las tiendas de campaña y emprendían el viaje de vuelta a casa.

Parecía que iba a ser un éxito… Eso, parecía; el cartel estaba cerrado, las entradas se agotaron antes del inicio del festival y la pequeña localidad soriana de Vinuesa volvía a prepararse para recibir a miles de aficionados llegados desde distintos puntos de España y de otros países. El plan seguía siendo el de siempre: motos clásicas y custom, carreras sobre arena, conciertos, preparaciones imposibles, cultura americana y un ambiente que, precisamente por alejarse de las concentraciones tradicionales, había convertido a Motorbeach en un evento prácticamente único. Pero esta vez la historia cambió sobre la marcha.

De la imagen idílica al debate sobre la seguridad y la organización

No fue una única polémica. Fueron varias, encadenadas, hasta acabar trasladando el foco desde las motos hacia la organización del propio festival. Hay quienes incluso ponen públicamente el foco en los ‘influencers’.

Los que llevamos años conociéndolo sabemos que Motorbeach siempre ha vendido una experiencia diferente; el festival nunca ha girado únicamente alrededor de las motos, sino de todo el universo que las rodea: surf, rock, preparaciones artesanales, barberías, gastronomía, carreras y acampada en plena naturaleza. Ese espíritu sigue siendo, probablemente, el gran atractivo del evento.

Sin embargo, conforme avanzaban las jornadas comenzaron a aparecer en redes sociales vídeos y publicaciones de asistentes describiendo una realidad bastante distinta a la que mostraban las imágenes promocionales.

Buena parte de las críticas coinciden en varios puntos; uno de ellos fue la circulación continua de motos por zonas donde también se desplazaban peatones, especialmente durante la noche y en los recorridos entre el camping y la zona de conciertos. Casi que el problema no era circular, sino el cómo: haciendo caballitos, stunts y temeridades variopintas.

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Otro tema es el respeto por el prójimo. Otros tantos testimonios hablan de que ni siquiera pudieron pegar ojo por la noche debido a las continuas actividades desproporcionadas tales como “pasarse 25 minutos dándole acelerones en parado a una moto” casi hasta reventarla, amén de conductas incívicas del mismo calibre.

También falleció una joven motorista de 24 años. El viernes, dentro del recinto, la chica colisionó su moto contra otro vehículo. Es más, según La Nueva España, citando a testigos del evento, el accidente se produjo cuando la chica hacía "un caballito con la moto", motivo por el cual colisionó contra un todoterreno.

A ello se sumó otro elemento que terminó apareciendo una y otra vez en las publicaciones de quienes estuvieron allí: el polvo. Las motos levantaban constantemente grandes nubes de tierra en distintos puntos del recinto, una circunstancia que, según numerosos asistentes, complicó la visibilidad y llegó a hacer incómodo permanecer en algunas zonas durante determinados momentos del fin de semana. Unido a este problema, la falta de salubridad: denuncian la falta de duchas para asistentes, así la presencia de pocos urinarios y baños en comparación con la terrible avalancha de gente.

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También hay numerosas quejas por la suciedad en el paraje: latas, residuos, botellas, comida… Pocos son los que se han dignado a recoger los restos que han ido dejando a lo largo del fin de semana.

Los incívicos camparon a sus anchas hasta el punto de que a un conocido influencer, Ibairider, le llegaron a robar las llaves y casco nuevo de su moto a escasos metros de donde estaba pinchando música, a su espalda. Lo ha denunciado públicamente en su Instagram; y es solo una pequeña muestra del incivismo que ha reinado estos días. No hay un artículo entero que sea capaz de recoger los infinitos testimonios de denuncia semejantes a este.

No se trata únicamente de comentarios aislados. Basta con recorrer Instagram, TikTok o YouTube para encontrar decenas de vídeos publicados durante esos días mostrando escenas similares.

El aforo fue otro problema mayúsculo; uno de los que provocó la debacle. Oficialmente establecido en 4.000 personas, agotadas las entradas, testigos afirman que incluso se colaban en el recinto sin ningún tipo de entrada ni pulsera, y que aquello era un "descontrol" total.

Los testimonios en redes acabaron amplificando la polémica

Uno de los vídeos que más repercusión ha tenido es el publicado por la creadora de contenido motero Aitana Ful, que hizo balance de su experiencia pocas horas después del cierre del festival.

En él asegura que llegó a pasar miedo mientras regresaba caminando desde la zona de conciertos: "He pasado miedo volviendo desde la zona de los conciertos hasta el camping... no se veía nada, tenías que ir con linternas por delante y por detrás para que te vieran".

Su crítica no se quedó ahí. También cuestionó la organización de los recorridos interiores del recinto: "No había zonas acotadas para poder ir caminando desde la zona de los escenarios hacia los campings (...) los caminantes sentíamos que no teníamos escapatoria con las motos cruzándose".

En ese mismo vídeo añadía una reflexión personal sobre cómo, en su opinión, evolucionó el festival conforme avanzaba el fin de semana, asegurando que la situación llegó a descontrolarse.

Sus declaraciones encontraron rápidamente eco entre otros asistentes. En los comentarios comenzaron a repetirse experiencias similares, describiendo problemas de visibilidad, escasa iluminación en algunos recorridos y dificultades para moverse caminando mientras seguían circulando motocicletas por distintas zonas del recinto.

Más de medio millar de denuncias durante el fin de semana

Mientras las críticas crecían en redes sociales, también aumentaba la actividad policial. Buen reflejo es el balance conocido tras la finalización del evento. Balance en el que la Guardia Civil tramitó más de 500 denuncias administrativas relacionadas con diferentes actuaciones desarrolladas durante el festival.

Las intervenciones abarcan distintos ámbitos y no responden a una única causa. Entre ellas figuran denuncias vinculadas al tráfico, consumo de sustancias, armas, acampadas no autorizadas y otras infracciones detectadas durante los dispositivos desplegados en la zona.

Paralelamente, diferentes organismos mantienen abiertas actuaciones para analizar el desarrollo del festival y comprobar si se cumplieron las condiciones contempladas en las autorizaciones administrativas.

El Ayuntamiento ya habla de revisar el futuro del festival

Quizá la consecuencia más importante de todo lo ocurrido no tenga que ver con lo sucedido durante esos cuatro días, sino con lo que puede pasar a partir de ahora. El Ayuntamiento de Vinuesa, que concede cada año la autorización necesaria para celebrar Motorbeach, ya ha adelantado que revisará con detalle toda la documentación relacionada con esta edición antes de tomar una decisión sobre 2027.

Entre otras cuestiones, el consistorio quiere comprobar el número exacto de entradas comercializadas y verificar que el desarrollo del evento se ajustó a las condiciones establecidas en la licencia concedida.

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La postura municipal supone un cambio importante respecto a años anteriores y abre una incógnita que hasta hace unos días ni siquiera estaba encima de la mesa: si Motorbeach podrá volver a celebrarse en el mismo emplazamiento.

Al menos, sí que lo podrán hacer en otros lugares, como se ha venido haciendo también.

La organización guarda silencio mientras continúan las investigaciones

Frente a las críticas y al debate generado durante los últimos días, la organización ha preferido no realizar, por ahora, una valoración detallada de lo sucedido. Los responsables del festival señalaron tras la clausura que todavía era pronto para hacer un balance completo mientras continuaban las labores de desmontaje y recogida de las instalaciones.

Este medio se ha puesto en contacto con dicha organización para ofrecer un espacio público en el que aclarar los distintos puntos. No hemos recibido respuesta por el momento.

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Mientras tanto, el foco sigue desplazándose… Hace apenas una semana las conversaciones giraban alrededor de las motos expuestas, de las carreras sobre arena o de los conciertos. Hoy la atención está puesta en otra parte: en las investigaciones abiertas, en las críticas de buena parte de los asistentes y en la decisión que adopte el Ayuntamiento cuando llegue el momento de decidir si Vinuesa volverá a acoger uno de los festivales más singulares del panorama motero español.

Porque, más allá del éxito de convocatoria o del impacto económico que el evento genera cada verano, Motorbeach afronta ahora el mayor examen de su historia reciente. No sobre el escenario ni sobre la arena, sino fuera de ellos. Y de lo que ocurra durante los próximos meses dependerá buena parte de su futuro.

Imágenes | Miguel Ayuso, Guardia Civil, Motorbeach

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