El auge de los scooters en Miami fue, durante un par de años, un fenómeno visible y ruidoso. Entre 2022 y 2023, las calles de la ciudad se llenaron de motos pequeñas conducidas, en su mayoría, por inmigrantes recién llegados desde Venezuela, Cuba, Haití o Nicaragua.
Procedentes de ciudades donde las dos ruedas son parte del día a día, encontraron en Miami un transporte barato, rápido y fácil de financiar sin historial de crédito. En una ciudad con transporte público limitado, la moto se convirtió en una solución inmediata para moverse y trabajar... Hasta que se terminó.
Las políticas migratorias han hecho que el scooter deje de usarse
Pero, según recoge El País, la escena ha cambiado por completo desde comienzos de 2025. La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca y su ofensiva contra la inmigración irregular han convertido a los scooters en un símbolo de riesgo.
"Si vas en una moto, asumen que no tienes papeles", resume Yonathan Rodríguez, venezolano que lleva más de una década vendiendo piezas a talleres locales. Las redadas en carreteras, fincas y centros de trabajo, sumadas a la cancelación de programas de parole humanitario, han dejado a miles de personas en un limbo legal. Conducir una moto en Florida se ha vuelto, para muchos, una invitación a ser detenido.
El impacto en el negocio es devastador. Boris Pedraza, dueño de la tienda El Rey de las Motos, recuerda que durante el boom vendía más de 10 unidades al día, facturando unos 5 millones de dólares en poco más de un año. Ahora, con suerte, coloca una o dos por semana.
"Si los cogen con la moto y no tienen papeles, van presos", explica. Muchos clientes desaparecieron tras ser deportados, dejando motos abandonadas o financiaciones impagadas. Hoy, gran parte de las ventas terminan con los scooters embalados rumbo a Cuba.
El frenazo ha barrido a decenas de concesionarios que nacieron durante la bonanza. Algunos han reconvertido sus locales en joyerías, mercadillos o cafeterías para sobrevivir. Pedraza mantiene su negocio por la antigüedad de su licencia y un alquiler relativamente bajo, pero advierte que “esto ya no para como antes”. A ello se suma el encarecimiento de las piezas por los aranceles: una goma que antes costaba 15 dólares ahora roza los 60.
La financiación también se ha endurecido. Antes, bastaba un pasaporte extranjero para llevarse una moto y pagarla a plazos. Con la morosidad disparada, los bancos han recortado el crédito, dejando fuera a muchos compradores potenciales. El único producto que se sigue moviendo son los scooters de menos de 150 cc, que no requieren endoso de moto en la licencia y eran los preferidos de los recién llegados.
Incluso quienes están en regla sienten la presión. Diosday Monzón, cubano de 49 años con todos sus papeles, sigue usando su scooter porque llenar el depósito cuesta menos de cinco dólares y le da para 150 kilómetros. “Con tres o cuatro meses en una moto, usted ahorra dinero”, asegura. Pero reconoce que ahora es “un foco” para la policía. Pedraza lo confirma mientras ajusta una luz de freno: “Antes la gente venía, compraba una moto y resolvía. Ahora, los paran, se la llevan… y los deportan.
Imágenes | Motorpasión Moto, Yamaha, Lightfoot
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