A veces parece que los conflictos entre usuarios del campo son algo relativamente moderno: senderistas contra bicicletas, bicicletas contra motos, propietarios contra excursionistas… Sin embargo, lo que ha aparecido estos días en varios senderos de Canadá demuestra que algunas ideas peligrosas llevan siglos existiendo.
Porque alguien ha empezado a colocar en los caminos unas pequeñas piezas metálicas que parecen sacadas directamente de un libro de historia medieval. Y no, no son simples clavos, sino un arma con más de 2.000 años.
Un arma con más de 2.000 años que ha terminado en senderos moteros y ciclistas
La historia ha ocurrido cerca de Courtenay, en la isla de Vancouver, en la provincia canadiense de Columbia Británica. Según explica RideApart, varios usuarios de senderos comenzaron a alertar de la presencia de unos extraños objetos metálicos ocultos en diferentes rutas frecuentadas por ciclistas de montaña, senderistas y motoristas de off-road.
El primero en descubrirlos fue un ciclista de montaña que sufrió un pinchazo al pasar sobre uno de ellos. Cuando examinó la rueda encontró la causa: un abrojo metálico, conocido en inglés como caltrop.
La gracia (si es que puede llamarse así) de este invento es tan simple como inquietante: está formado por varias púas unidas entre sí de manera que, independientemente de cómo caiga al suelo, siempre queda una punta apuntando hacia arriba.
Exactamente igual que hace cientos de años, porque su uso histórico era bloquear el avance de caballos, tropas o vehículos enemigos. Hoy sigue funcionando igual de bien contra neumáticos de bicicletas, motos de enduro o incluso contra la suela de una bota.
Y ahí es donde la situación deja de ser una simple gamberrada, porque que el problema ya no son las motos, sino que cualquiera puede resultar herido.
Tras recibir varios avisos, la organización de rescate Comox Valley Search and Rescue publicó fotografías de los dispositivos encontrados y pidió a todos los usuarios de la zona que extremaran la precaución. La Policía Montada de Canadá también ha iniciado una investigación para intentar localizar a los responsables.
Lo preocupante es que estos senderos no son utilizados únicamente por motos. Por allí pasan ciclistas, corredores, excursionistas, propietarios de perros e incluso equipos de rescate. Un neumático pinchado ya es una molestia importante en mitad del monte, pero una de estas púas también puede atravesar un pie, provocar una caída o generar un accidente mucho más serio.
Una guerra silenciosa que se repite cada vez más en los caminos. Lo curioso es que este caso no es completamente aislado. En distintos países, sin tener que salir de España, incluso han aparecido durante los últimos años cables tensados, troncos colocados deliberadamente en senderos, piedras movidas para provocar caídas o elementos destinados a dificultar el paso de bicicletas y motos.
La diferencia es que los abrojos tienen algo especialmente inquietante porque las fotografías difundidas muestran piezas metálicas fabricadas específicamente para esa función, con una construcción muy similar a la de los diseños históricos utilizados durante siglos en conflictos militares.
Imágenes | Rideapart
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