Fito es tan motero que se recorrió media España con su Yamaha. Y no es la mayor joya que ha tenido en el garaje

Fito Cabrales es un motero auténtico: criado entre montes y guitarras, cambió su primera Cota por una guitarra y recorrió media España en Yamaha

Fito Motero
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John Fernández

A Fito le preguntas por las motos de toda la vida y se le escapa una sonrisa de oreja a oreja. Lo ha dicho sin vueltas en más de una ocasión: "Bueno, es que nos gusta el sonido". Ese rugido metálico es parte de su educación sentimental tanto como el rock and roll (o como titula una de sus canciones, "rokanrol").

Porque muchos no lo saben, pero Fito, sí, el mítico rockero bilbaíno, es motero. Y de los de chupa de cuero, olor a gasolina y manillares altos.

De una Cota a una Yamaha... Y a llevar Harley-Davidson

De niño ya estaba subido a una: "De chiquitín, con una Cota 49 que era la moto más bajita que había. Vivía en Laredo y me tiraba todo el día por el monte, como las cabras". Llegó antes la moto que la guitarra: "Tuve que vender la moto para comprarme mi primera guitarra eléctrica". La cronología la resume con naturalidad: "La primera fue la Montesa Cota 49, después vino una Vespa, luego una Yamaha 250 y ahora la Harley", contaba en el 2006 a la revista Moteros.

Aquella Yamaha le sirvió de coche, de libertad y de refugio. "Me he movido mucho con la Yamaha porque entonces no tenía coche y la usaba a diario y para todo. También me fui con ella a Pingüinos y un par de veces a Madrid". Eso en el 2006; seguro que Fito ha vuelto por Pingüinos unas cuantas más.

De aquellas salidas queda una anécdota que ya suena a leyenda: dos colegas, un ataque de morriña, Bilbao-Madrid en chándal y zapatillas para saludar a Extremoduro… Hasta que la nieve les cerró el paso en Somosierra: "Parábamos en los bares de la carretera a pedir manzanilla para calentarnos las manos. ¡Estáis locos!, nos decían al vernos con aquellas pintas. No se lo recomiendo a nadie… Joder qué frío pasamos".

Harley 3

La moto es puro placer para el rockero: "La uso para disfrutar de ella. Ahora no la utilizo para desplazarme como con un coche, la uso cuando me apetece". Lo suyo va de sensaciones, de calle, de piel. Y hasta cuando le preguntan por el reggaetón, responde con una metáfora motera: "Yo prefiero subirme a una moto deportiva a escuchar reggaeton, aunque también he hecho las dos cosas a la vez", reconoce.

Su Harley no es un decorado de videoclip, es parte del personaje real. En 'Entre la espada y la pared' (2014, sentó cátedra), el que pilota por las carreteras vizcaínas es él mismo. Sin dobles ni artificios. Puro Fito sobre dos ruedas.

Y también ha sido voz del colectivo. En una entrevista con la Asociación Mutua Motera (donde figuraba como socio 11.999) se mostraba tan claro como siempre: "Yo creo que sí, porque los motoristas en general estamos hartos de tantos abusos". Y remataba con lo que para él era la prioridad: "La equiparación de los derechos de los motoristas con los demás vehículos de la carretera".

Esa identidad no se queda en los escenarios. En más de una entrevista lo han retratado llegando en Harley, "aparcándola a la puerta". Confesaba que siempre ha devorado revistas de motos y que incluso estudió dos años de mecánica ("pero no tengo idea de motor", se ríe). Es Fito Cabrales: barrio, hierro y honestidad.

Fito

Lo suyo con las motos no es pose ni nostalgia. Es biografía. Arranca con una Montesa Cota 49 por los montes de Laredo, pasa por una Vespa y una Yamaha utilitaria rumbo a Pingüinos, y se asienta en una Harley que hoy saca "cuando me apetece". Un motero de los que escuchan el motor como si fuera otra guitarra rítmica. Rock, carretera y sonido: su auténtico trío eléctrico.

En 2016, Fito demostró que su relación con las motos también podía servir para algo mucho más grande. Cedió su Harley-Davidson V-Rod (la misma con la que aparece rodando en 'Entre la espada y la pared') a la asociación La Cuadri del Hospi, que organizó un sorteo solidario con papeletas a dos euros. Él mismo estuvo presente en Gernika el día del sorteo, ante notario, dando el toque de autenticidad que le caracteriza. El dinero recaudado, más de 129.000 euros, fue destinado al instituto BioCruces para apoyar la investigación del cáncer infantil.

Imágenes | Fito y Fitipaldis (cuenta oficial), YouTube

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