En el mundo de la moto hay mucha peculiaridad. Como los actores de cine, cada piloto tiene su método, su manera, su estilo... Y el de Dani Pedrosa es probablemente uno de los más especiales. Como decíamos hace tan solo unas semanas: Dani Pedrosa, la poesía motera hecha piloto.
El caso es que la carrera del piloto español estuvo plagada de infortunios en forma de caída y lesiones. Uno de sus puntos débiles era el agua; era terriblemente débil ante las carreras en mojado, así que un buen día se propuso ponerle solución junto con Alberto Puig. ¿Cómo? Tocando rodilla por las carreteras de Barcelona.
Tocando rodilla por Barcelona de incógnito con Dani Pedrosa
Porque sí, hay historias en el paddock que parecen casi imposibles de imaginar hoy. La historia nace de la propia boca de Dani, y no de ninguna otra fuente. El piloto compartió cena con las leyendas de MotoGP, desde Valentino Rossi hasta Jorge Lorenzo o Kevin Schwantz. Una cena que fue retransmitida aquí.
Entre tantos títulos mundiales y victorias hay anécdotas a raudales. Pero la más llamativa da para una historieta aislada, incluso. Es la de Dani Pedrosa venciendo uno de sus fantasmas más grandes; uno de los puntos débiles que más le frustraban en MotoGP: la lluvia.
Durante años, el problema no era técnico ni físico. Era una cuestión de sensaciones. Pedrosa sabía que cuando el asfalto se mojaba tenía que ir más rápido de lo que realmente sentía seguro, y eso terminaba pasándole factura. El punto de inflexión llegó tras una caída en Sachsenring cuando lideraba una carrera en mojado, y se prometió arreglarlo.
Su primera idea fue lógica: entrenar en mojado con una supermotard de 450 cc, gomas de lluvia y un karting. Spoiler: acabó siendo un desastre. "Entonces cogí la moto de motard. ¿Cómo entrenas para mojado? Yo no sabía cómo hacerlo. Así que cogí la moto de motard, puse neumáticos de lluvia y cuando estaba lloviendo me fui a un karting", cuenta.
Pero había un problema: "Sí. El primer día en el karting salí y me caí en la primera vuelta. Luego intenté calentar un poco los neumáticos y me caí igualmente. Sabes que el karting es plano, no hay mucho caucho en el suelo. No hay agarre y es imposible entenderlo. Así que dijimos: 'Vale, imposible, no podemos hacer esto'".
Entonces llegó una idea mucho más radical, peligrosa y hasta surrealista, una que nadie se podría imaginar: "Cuando llovía, con Puig… Me llamaba y me decía: 'Vale, hoy va a llover todo el día'. Fuimos a su casa, cogimos las motos, cogimos los monos, la chaqueta de plástico para la lluvia por encima, algo de dinero para echar gasolina, y nos fuimos a la carretera".
Ese era su plan: tocar rodilla en mojado en las carreteras de montaña que rodean Barcelona. "¿Sabes la carretera que va hacia la montaña? Entonces arriba, abajo, arriba, abajo, arriba, abajo. Cuando nos quedábamos sin gasolina, echábamos más y continuábamos: arriba, abajo, arriba, abajo, arriba, abajo", narra el 26.
Y sí, hacían lo que podrías llegar a pensar: tocar rodilla, y no poco... "Los dos así, tocando rodilla en el suelo. Luego subíamos, bajábamos, subíamos, bajábamos, subíamos, bajábamos... 100 veces y luego gasolina, todo en un día", cuenta ante el asombro de Valentino Rossi y Jorge Lorenzo, que directamente ni se lo creía.
De hecho, incrédulo de él, Lorenzo le insiste: "¿En las montañas? ¿En la carretera? ¿Los dos? Ni de coña". A lo que Pedrosa, sin titubeo le dice, "sí, sí, tocando con la rodilla en el suelo".
Y la gran pregunta: ¿sirvió de algo? "A partir de ahí, empecé a aprender. Repetíamos cuando volvía a llover", cuenta el pequeño samurái en una de las anécdotas que parecen más propias de otra época que de ahora.
Imágenes | Repsol
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