Hay algo que probablemente le ha pasado a cualquiera que haya intentado sacarse el carnet en los últimos años: apruebas el teórico, sales contento de la Jefatura de Tráfico y empiezas a hacer números. Unas cuantas prácticas más, el examen práctico y listo. En teoría, porque luego llega la realidad.
Llamas a la autoescuela, preguntas cuándo podrías examinarte y la respuesta suele ser bastante menos precisa de lo que te gustaría. Semanas. A veces meses. Depende. Ya veremos… Lo curioso es que nadie parece ponerse de acuerdo sobre por qué ocurre eso.
Miles de conductores esperan sacarse el carnet en verano
Mientras miles de alumnos esperan una fecha para examinarse este verano, la guerra entre la DGT y las autoescuelas (también para el carnet de moto, sí) ha vuelto a estallar, y esta vez no hablamos de una discusión técnica entre despachos.
La Dirección General de Tráfico (DGT) sostiene que las famosas listas de espera no son exactamente como se han contado durante los últimos años. Las autoescuelas responden que el organismo está intentando desviar la atención del verdadero problema: la falta de examinadores.
Y ahí es donde aparece el llamado Plan PRO. El nombre suena casi a operación especial, pero la idea era bastante más sencilla: Tráfico decidió reforzar temporalmente algunos territorios especialmente saturados con más exámenes prácticos para comprobar cuántos alumnos estaban realmente preparados para subir al coche de examen.
Sobre el papel parecía una buena noticia… Sin embargo, cuando llegaron los resultados, cada uno vio algo completamente diferente. La DGT destacó que en provincias donde se hablaba de miles de aspirantes afectados finalmente solo acudieron unos cientos a las convocatorias extraordinarias. Para el organismo, aquello demostraba que una parte importante de esas cifras incluía alumnos que todavía no estaban listos para examinarse.
Las autoescuelas, en cambio, creen que esa lectura simplifica demasiado el problema porque, según explican, nunca dijeron que toda esa bolsa de alumnos estuviese preparada para examinarse de un día para otro. De hecho, sostienen que la falta de capacidad examinadora les obliga a trabajar de una forma completamente distinta a la que trabajarían en condiciones normales.
Imagina una autoescuela que sabe que dentro de unos meses solo podrá presentar a un número muy limitado de alumnos. Lo último que le interesa es acelerar la formación para después dejar a la gente esperando durante semanas o meses sin una fecha clara para examinarse. Por eso muchas han terminado adaptando todo su ritmo de trabajo a la capacidad que les ofrece la propia Administración. Traducido: el atasco no empieza en el examen. Empieza mucho antes.
Las asociaciones también critican la forma en la que se organizó el refuerzo extraordinario. Denuncian que se comunicó con muy poco margen, que se concentró únicamente en determinadas zonas y que dejó fuera permisos que también sufren retrasos, incluidos los de motocicleta y los profesionales.
La DGT cree haber demostrado que las listas de espera reales son menores de lo que se afirma, mientras que las autoescuelas sostienen que el experimento no demuestra eso, sino justo lo contrario: que llevan años reorganizando toda su actividad alrededor de un cuello de botella que sigue existiendo.
Mientras ambos bandos siguen intercambiando cifras y explicaciones, los alumnos continúan haciendo lo mismo que llevan haciendo desde hace tiempo: esperar. Y con el verano ya en marcha, probablemente esa sea la única realidad sobre la que todos parecen estar de acuerdo.
Imágenes | DGT
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