Carreteras hechas con 20.000 neumáticos triturados. La idea americana para convertir en impermeables las calles

  • Lo que parece una idea revolucionaria de 2026 nació en realidad hace más de tres décadas

  • Podría ser una de las soluciones más inteligentes para alargar la vida de las carreteras

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John Fernández

No estamos en invierno todavía, pero no queda tanto. Y siempre se repite la misma historia: el agua penetra en el firme, se congela, se expande y termina levantándolo. Entonces, pasada la época, el suelo pierde consistencia y las carreteras son un peligro.

Hace más de 30 años un grupo de ingenieros de la Universidad de Maine decidió probar una solución tan sencilla como aparentemente rara, en principio: utilizar neumáticos viejos como parte de la estructura de la carretera. Hoy se sigue haciendo, pero no en todos los lugares.

El resultado sorprendió hasta a los ingenieros

Aquel proyecto al que hacemos referencia comenzó en 1992 en Dingley Road, una pequeña vía de Maine, en Estados Unidos. Aquello consistió en triturar más de 20.000 neumáticos desechados y colocarlos bajo un tramo de 183 metros de carretera.

Los fragmentos de caucho, que tenían entre cinco y siete centímetros de tamaño, formaban una capa de entre 15 y 30 centímetros de espesor sobre la que posteriormente se añadieron varias capas de grava para construir una carretera aparentemente convencional.

Pero claro, aquello escondía algo bastante diferente: los investigadores instalaron más de 100 sensores para monitorizar las temperaturas durante todo el invierno y comprobar hasta qué punto los neumáticos podían actuar como aislamiento contra las carreteras heladas.

Pero, ¿cómo puede ser? Realmente, la teoría es bastante sencilla: el caucho, al pesar menos que la grava tradicional, ejerce menos presión y además, hace de aislante térmico. Claro, además, los huecos favorecen que drene el agua hacia dentro.

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En la práctica, funciona de maravilla: los resultados del experimento demostraron que una capa relativamente fina de neumáticos triturados reducía significativamente la penetración de ese hielo, concretamente hasta un 25%.

Evidentemente, la consecuencia a medio y largo plazo era que la carretera sufría menos deformaciones, generaba menos baches y mantenía una mayor estabilidad durante las épocas más complicadas del año... Y solo necesitaban gomas trituradas.

Además mataban dos pájaros de un tiro, porque los neumáticos no dejaban de ser desechos y residuos acumulados. De hecho, Maine era una generadora de residuos de neumáticos; más de un millón cada año. Era tan bestia la cosa que tenían un serio problema medioambiental y de almacenamiento.

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Los resultados eran tan buenos que hasta el estado comenzó a emplearlos en otros proyectos de ingeniería civil, incluyendo terraplenes, sistemas de drenaje y grandes infraestructuras viarias. Por ejemplo, para el intercambiador del aeropuerto de Portland utilizaron la friolera de 1,2 millones de gomas, con el consecuente ahorro económico.

¿El problema? Pues que no se puede usar en todas las carreteras; no es válido para todas. La técnica resulta especialmente interesante en regiones donde las heladas son un problema habitual y donde el ciclo de congelación y deshielo provoca daños constantes en el firme.

Pero no es una innovación en pleno 2026 como muchos pretenden vender. Sí que se sigue utilizando, pero es un proyecto yanqui con más de 30 años de historia.

Imágenes | Conti, Motorpasión Moto, Pixabay

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