Mientras los fabricantes invierten millones en motos eléctricas, hidrógeno o combustibles sintéticos, hay un ingeniero británico que ha decidido mirar más de un siglo atrás para construir una de las máquinas más brutales que han rodado jamás sobre dos ruedas.
No funciona con gasolina. Tampoco con baterías. Ni siquiera con hidrógeno. Su combustible es, literalmente, agua.
Una moto que convierte el vapor en un auténtico cohete
La protagonista se llama Force of Nature y acaba de dejar una cifra difícil de creer: acelera de 0 a 100 km/h en apenas 0,4 segundos, un registro conseguido en el circuito británico de Santa Pod Raceway, uno de los templos europeos de las pruebas de aceleración.
Eso sí, conviene aclarar una cosa desde el principio: aunque tenga dos ruedas y un manillar, esta máquina está muchísimo más cerca de un cohete que de una moto convencional.
Su creador es Graham Sykes, un ingeniero y mecánico británico de 63 años que lleva años persiguiendo una obsesión muy concreta: construir una auténtica moto propulsada por vapor de agua, y lo ha conseguido.
A simple vista ya deja claro que aquí no hay nada normal: su larguísima carrocería esconde una enorme caldera presurizada de unos 120 litros, donde el agua se calienta hasta alcanzar aproximadamente 260 grados. Cuando llega el momento de acelerar, toda esa presión se libera de golpe por unas gigantescas toberas traseras, impulsando la moto con una violencia difícil de imaginar. El resultado es suficiente para superar los 320 km/h, aunque toda la energía disponible apenas dura unos segundos.
Curiosamente, Sykes construyó buena parte de la moto con sus propias manos, pero decidió dejar el elemento más delicado en manos de especialistas: la caldera fue fabricada por una empresa acostumbrada a producir recipientes presurizados para la industria nuclear, petrolera y del gas.
El motivo era evidente: "Si explotara, no sería solo yo quien resultaría herido o muerto. También lo sería todo el mundo a mi alrededor", explicó el ingeniero al hablar del proyecto.
No parece una exageración si se tiene en cuenta la enorme presión con la que trabaja el sistema. De hecho, antes de cada intento el procedimiento está cuidadosamente estudiado. Una vez la moto llega a la línea de salida, su esposa, Diane, retira el pasador de seguridad, confirma visualmente que el sistema está preparado y le da la señal definitiva antes de abrir el acelerador.
Y entonces todo sucede en menos de un segundo: "Nada puede prepararte para lo que vas a experimentar. Es como recibir una patada por detrás: la fuerza G tira de tu cuerpo hacia atrás", describía Sykes.
Mientras unos apuestan por el hidrógeno, otros siguen explorando caminos inesperados
Lo interesante de esta historia no es que alguien pretenda fabricar motos de vapor para circular por carretera. Evidentemente no ocurrirá, pero sí demuestra hasta qué punto la ingeniería de las dos ruedas sigue explorando formas muy distintas de obtener prestaciones extremas.
Hoy fabricantes como Kawasaki trabajan en motores alimentados por hidrógeno, convencidos de que esta tecnología puede convertirse en una alternativa para mantener vivos los motores de combustión durante las próximas décadas. Paralelamente aparecen proyectos eléctricos cada vez más sofisticados y también investigaciones relacionadas con combustibles sintéticos.
Aun así, Sykes reivindica que el vapor sigue teniendo mucha más importancia de la que la mayoría imagina: "La gente piensa que el vapor es una fuente de energía antigua y desfasada. Pero toda central eléctrica que genera energía a partir de combustible funciona, en realidad, gracias al vapor", recuerda.
Después de firmar este espectacular registro, el ingeniero británico ya piensa en el siguiente objetivo; su meta es seguir rebajando tiempos y acercarse a una pasada de apenas cuatro segundos en el cuarto de milla.
Imágenes | DGT, Guardia Civil
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