Nürbugring, el ‘Infierno Verde’, sin motos sigue siendo una idea difícil de digerir. Prácticamente desde sus inicios las motos han estado allí, y se quiera o no, forma parte de su propio ADN a pesar de la crudeza y dificultad del trazado germano.
Coches, motos, amateurs, valientes y algún inconsciente vivían allí todos a una. Sin embargo, desde 2025, eso se rompió. Las tandas turísticas expulsaron a las motos y el Infierno Verde pasó a ser, oficialmente, solo cosa de cuatro ruedas por decretazo de sus dueños.
La historia no ha terminado ahí. Ni mucho menos
En Alemania empieza a tomar forma una ofensiva clara para que las motos vuelvan al Infierno Verde. No tanto como un gesto simbólico, sino como una reclamación directa al operador del circuito, pues el movimiento lo impulsa Ralf Bollinger, un frikazo del ‘ring’ desde los ‘90, usuario de pase anual durante décadas y ahora rostro visible de una petición que ya no va solo de firmas en internet, sino de abogados, leyes y dinero real sobre la mesa.
La clave legal, digamos, está en una pregunta incómoda: ¿puede el operador del Nürburgring decidir quién entra y quién no en las tandas turísticas? Según Bollinger, no. El argumento es jurídico. El Nordschleife es una carretera privada, sí, pero su uso está regulado por una ley específica del estado de Renania-Palatinado que protege su finalidad original: el uso no discriminatorio para el público general, especialmente en el ámbito del automovilismo amateur. Traducido: no puedes permitir coches y vetar motos porque sí.
Ese es el eje del conflicto. Nürburgring GmbH justifica la prohibición alegando seguridad, sobre todo por la convivencia entre coches y motos y por las diferentes trayectorias. Bollinger rebate esa idea con bastante lógica: también hay diferencias enormes entre un utilitario y un GT3, y conviven sin problema. Además, niega que exista una base real de accidentes coche-moto que justifique una exclusión total.
El riesgo, dice, está en otra parte. En los fluidos sobre el asfalto, en el aceite, en el refrigerante. Y eso, precisamente, es algo que el circuito ha ido mejorando con sistemas de aviso y señalización mucho más rápidos en los últimos años. El peligro existe, pero no es nuevo ni exclusivo de las motos.
Lo interesante es que Bollinger no propone separar tandas de coches y motos. Al contrario. Cree que sería contraproducente y hasta más peligroso, porque algunos motoristas podrían confiarse al pensar que la pista está limpia. La idea es volver a lo de siempre: convivir dentro con respeto y recordar que las tandas turísticas no son carreras.
Como Nürburgring GmbH no ha querido sentarse a hablar, el siguiente paso ya está en marcha: un bufete de abogados prepara acciones legales para impugnar la prohibición, financiadas mediante donaciones y aportaciones privadas. No es una amenaza en el aire. Es un proceso real, con base legal concreta y con un objetivo muy claro.
¿Volverán las motos al Nordschleife? Nadie lo sabe. Pero por primera vez desde la prohibición, el debate ya no es solo técnico ni de seguridad. Ahora ha pasado a ser totalmente legal. Y cuando el Ring entra en los juzgados, la historia suele complicarse. Para todos.
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