Las trail chinas lo están petando en el Dakar ¿El truco? Usar motos casi idénticas a las que cualquiera se puede comprar

Sin prototipos ni soluciones exóticas, la fiabilidad y la base técnica de serie se están convirtiendo en su mejor arma en el desierto

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John Fernández

Durante años, cuando alguien preguntaba por la fiabilidad de las motos chinas, la conversación acababa siempre en el mismo sitio: precio bajo, mucho equipamiento y dudas a largo plazo. No era una discusión sencilla, porque una cosa es probar una moto nueva durante unos días y otra muy distinta someterla a miles de kilómetros en condiciones extremas. El Dakar, precisamente, no entiende de discursos ni de promesas. Allí solo sobreviven las motos que funcionan; el asunto es literal.

Por eso lo que está ocurriendo en el Dakar 2026 merece una lectura distinta. La gran sorpresa no está siendo un nombre propio ni una maniobra imposible, sino una moto trail de origen chino, muy cercana a lo que cualquiera podría comprar, colándose entre los mejores y ganando etapas en Rally2. Sin prototipos imposibles. Sin ingeniería de laboratorio. Con una base casi de serie.

Una trail china casi de serie está poniendo en aprietos al Dakar

La Kove 450 Rally no es nueva en el desierto. La marca ya había conseguido terminar el Dakar en ediciones anteriores, algo que en sí mismo dice mucho. Acabar esta carrera es una criba brutal para cualquier proyecto técnico. Pero este año el salto es evidente: ya no se trata solo de llegar al final, sino de ser competitiva día tras día.

En Rally2, la categoría donde compiten motos derivadas de producción y con reglamentos mucho más restrictivos, la Kove está demostrando una regularidad inesperada. Varias victorias de etapa, una presencia constante entre los mejores de su clase y una posición en el top 20 de la general absoluta tras la primera semana, rodando junto a motos oficiales con presupuestos muy superiores.

La clave está en la filosofía del proyecto. La 450 Rally parte de una base técnica muy cercana a la de serie: monocilíndrico de 449 cc, un kit comercial que eleva la potencia hasta el entorno de los 56 CV, chasis de acero de doble cuna, depósito de gran capacidad y un peso contenido para lo que exige el reglamento. No hay soluciones exóticas ni componentes imposibles de reparar en carrera. Está pensada para aguantar... Y para comprarse.

Eso no significa que el camino haya sido fácil. El Dakar nunca lo es. Problemas de sensor en el prólogo, un fallo en el mousse en una etapa clave y la necesidad de gestionar con cabeza cuando las cosas se tuercen. Ahí es donde se ve si una moto tiene margen y si el equipo sabe reaccionar. Ajustes, prudencia cuando tocaba y, a partir de ahí, constancia. El resultado no es un golpe de suerte, sino una línea de rendimiento sostenida.

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Lo más llamativo es que, en tramos concretos, los tiempos de la Kove han llegado a acercarse a los de motos RallyGP. No es una amenaza real para la victoria absoluta, pero sí una señal clara de que el proyecto es creíble. Para una marca joven, ese es probablemente el mayor éxito posible.

Este Dakar (otro más para los chinos) está funcionando como un banco de pruebas sin filtros. Primero fue demostrar que podían terminar. Luego hacerlo con solvencia. Ahora, ganar etapas y mantenerse arriba con una moto casi de serie. Es una progresión lógica, pero no habitual en un entorno tan exigente.

Durante años, las marcas chinas han ido ganando terreno a base de precio y equipamiento. Después llegó la mejora en acabados y calidad percibida. El siguiente paso era inevitable: demostrarlo en competición. Y el Dakar, con su dureza y su capacidad para desnudar proyectos mal planteados, es el escenario menos dado al engaño.

Que una trail de origen chino, basada en producción, gane etapas y se mueva con solvencia en la general no es casualidad. Es la consecuencia de un trabajo técnico bien enfocado y de una evolución que ya no se queda en el escaparate. Las motos chinas ya no solo venden. Empiezan a competir. Y, viendo lo que está pasando en el desierto, parece que esto no ha hecho más que empezar.

Imágenes | KOVE

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