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En moto por el Oeste Norteamericano (8): Las Vegas, ciudad de cartón piedra

En moto por el Oeste Norteamericano (8): Las Vegas, ciudad de cartón piedra
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La llegada a Shoshone significaba el final del recorrido por el Death Valley. Llegamos agotados por la paliza del calor y el fuerte viento en un día que había comenzado muy temprano. Por un estúpido fallo de previsión habíamos salido sin agua de reserva desde Furnace Creek, hacia ya un montón de horas. Imperdonable. Aunque siempre es preferible quedarse sin agua que sin gasolina. Como ya era bastante tarde, decidimos no comer para poder llegar a Las Vegas todavía de día.

A la salida de Shoshone había obras y el paso era alternativo para cada sentido. La diferencia respecto a lo que estamos acostumbrados era que la circulación por el tramo de obras se hacía en grupos detrás de una pick-up con sirenas que circulaba a un ritmo muy lento. “Follow me”. Vaya trabajo: todo el día recorriendo un tramo de unos cinco kilómetros una y otra vez en cada sentido. En fin, un poco excesivo el tema.

El tramo hacia Las Vegas no tenía demasiada historia, pero la verdad es que se nos hizo largo y cansado. Autopista por el desierto. Unas millas antes de llegar, ya se podían ver el perfil de la ciudad. Al acercarnos iban creciendo los carriles en nuestra autopista y el tráfico se iba intensificando. Pero parecía que en lugar de acercarnos, la autopista iba rodeando la ciudad dejándola al norte. Nos desorientamos un poco y llegamos a pensar que la que veíamos era otra ciudad y todavía no habíamos llegado a Las Vegas.

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Tras perder un rato ubicándonos de nuevo, nos cruzamos con “Las Vegas Boulevard” que apuntaba a lo lejos a la ciudad. Esa era la avenida que nos iba a llevar directamente a la calle principal de Las Vegas, en la que se encuentran todos los hoteles famosos. Unas millas más adelante nos saludó el famoso cartel que da entrada al desmadre: “Welcome to fabulous Las Vegas”.

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A partir de ese punto, la vista se reparte a derecha e izquierda: Pirámides de Egipto, fastuosas limusinas, El Empire State Builing, la Estatua de la Libertad, la Torre Eiffel, Venecia,... Es posible encontrarse con cualquier cosa en esta calle atestada de vehículos y peatones. Circulábamos muy lentamente y fuimos descubriendo los famosos hoteles de Las Vegas que han aparecido en tantas películas: el New York-New York, el Bellagio, el MGM, el Caesar’s Palace, el Hard Rock, el Flamingo… y finalmente el Mirage, que es donde tenemos nuestra reserva. Para recorrer la calle principal hemos estado más de una hora y ya empieza a caer la tarde.

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Pero las cosas no iban a ser tan fáciles a la llegada al hotel: el Mirage no es un hotel “bikers welcome”. La enorme explanada delante de la puerta principal está preparada para recibir a los huéspedes en coches, descargarles los equipajes y que los aparcacoches los puedan llevar al parking. “No puede dejar la moto sola delante del hotel ni un segundo. Ni para llevar el equipaje al Hall. Las motos no pueden permanecer en esta zona. Ningún aparcacoches sabe moverla y siempre debe estar el conductor. Tiene un parking donde llevar la moto en la quinta planta. Por favor, llévela allí y quítela cuanto antes de esta zona”. No es la recibida que uno espera. Está claro que si no vas en coche, en el Mirage eres un cliente de segunda.

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El día ha sido muy largo, tenemos hambre y ganas de pasear por la ciudad, así que nos resignamos y no discutimos demasiado. Al hacer el check-in en el hotel, te dan un plano para poder encontrar los ascensores hacia las habitaciones en medio de los pasillos y pasillos de máquinas tragaperras, tiendas y restaurantes. Finalmente, llegamos a la habitación de la planta 25 desde la que hay una bonita vista de la ciudad empezando a anochecer.

Ficha de ruta día 5: martes 30 de marzo de 2010

Itinerario: Stovepipe Wells- (Ruta 190) – Harmony (mina de bórax) – Furnace Creek – (Ruta 178) strong> Badwater Salsberry Pass – ShoshoneSalida del Parque Nacional Death Valley – Pahrump – (Ruta 160) – Las Vegas

Distancia recorrida: 190 millas (306 Kilómetros)

Distancia acumulada: 972 millas (1.567 Kilómetros)

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Con la moto aparcada y una buena ducha para quitarnos los kilómetros de encima, fuimos a cenar y pasear por la ciudad. En moto todo parecía relativamente cerca, pero a píe las distancias son enormes. Cada hotel es realmente grande. Todos tienen su centro comercial y el correspondiente casino en los bajos del hotel, además de fastuosos jardines, lagos y parkings. Como es esperable, mucho neón y anuncios de espectáculos de renombre.

Hay ríos de gente por la calle que parecen pasárselo bien. De hecho, que parecen tener la obligación de pasárselo bien. Están de vacaciones. Las Vegas es un auténtico templo de consumismo. Todo es de cartón piedra y está orientado a gastar y gastar. Interminables salas de máquinas tragaperras. Hombres-anuncio ofreciendo mujeres por la calle. Todo en esta ciudad es artificial, huele a falso.

Sinceramente, no me gustó Las Vegas. Nada. Viniendo de los impresionantes Parques Nacionales norteamericanos, Las Vegas me pareció algo menor. Vacío. Insulso. Decadente. Sin valores. No me aportó nada. No pretendo convertir una crónica de viaje en un análisis sociológico por lo que no me extenderé sobre el tema. De todos modos, si algún día me pierdo seguro que no me encontraréis en Las Vegas.

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Una de las cosas que me impresionó fue la iluminación de algunos espacios interiores que parecían tener luz diurna natural. En los canales venecianos (con gondoleros, puentes y Piazza San Marcos incluídos) parecía que estábamos a media tarde. En realidad, era noche cerrada hacía unas cuantas horas, pero parecía media tarde. Tremenda confusión entre el día y la noche. Las Vegas no tiene horario y la actividad nunca se para.

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Entre las máquinas tragaperras me sorprendió encontrar algunas motos. En uno de los casinos, se podía ver unas BMW’s sobre las tragaperras, en un curioso lugar para la promoción de las motos. La verdad es que las motos se veían pequeñitas entre las infinitas filas de tragaperras.

Más curiosa resultó ser una creación custom que había en otro de los casinos: “Las sirenas del Treasure Island”. Una moto espectacular, aunque me cuesta imaginar que sea capaz de circular por la calle. No está mal como escultura para poner en el comedor, pero siempre he pensado que las motos son para usarlas. No son jarrones. Me gustan las creaciones personalizadas, pero siempre que puedan servir para circular. Os pongo una fotografía para que la podáis admirar.

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Una de las anécdotas de la noche nos sucedió en la calle. Había finalizado un rodaje y el actor principal estaba pacientemente firmando autógrafos y haciéndose fotos con un grupo de fans. Preguntamos a algunas de las chicas que tenían un autógrafo en la mano quien era el actor: “Ah, no sabemos,... pero seguro que es alguien famoso”. “Yo tampoco sé quien es, pero ya lo buscaré en internet”, nos dijo otra chica que se había hecho una foto con él. Y allá estaba esforzándose el pobre actor a contentar a unas fans que ni le conocían. Por cierto, ¿alguien sabe quien es el estirado de la foto?

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Al entrar en Las Vegas ya nos había llamado la atención el Harley Café. Volvimos por la mañana para verlo en detalle. Se trata de un gran restaurante temático alrededor del mundo Harley. El local está repleto de motos y fotos. Muchas de las motos volaban literalmente por el local, sujetas a unas cadenas y dando vueltas. Además, había todo tipo de Harleys personalizadas (con más o menos gusto) distribuidas por el local. En un lateral se puede ver una preciosa exposición con todos los motores de la historia de Harley Davidson.

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Pero lo más friki estaba en el segundo piso: una capilla para casarse entre Harleys y poderlo celebrar allí mismo. “The Chopper Chapel”. El album de fotos de las celebraciones que había en la capilla no tenía desperdicio, con Elvis de todos los colores acompañando bodas sobre las motos. Cogimos un ramo decorativo de la capilla y nos hicimos unas rápidas fotos antes de marchar de Las Vegas.

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Estuvimos menos de 24 horas en Las Vegas. Pero la verdad es que fue más que suficiente.

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