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En moto por el Oeste Norteamericano (4): El día de los árboles gigantes

En moto por el Oeste Norteamericano (4): El día de los árboles gigantes
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Pasaban las tres de la tarde cuando decidimos abandonar el centro del Parque Nacional de Yosemite en previsión de que nos iba a tocar buscar el sitio para dormir fuera del Parque. Era sábado, y además no un sábado cualquiera: el inicio de la Semana Santa. Evidentemente, no había ni una plaza hotelera disponible dentro del Parque e incluso los numerosos campings estaban repletos de autocaravanas de todo tipo (la mayoría eran enormes, unos verdaderos autobuses disfrazados de motor-home).

La ruta para salir del Parque, en dirección sur por la carretera 41, fue tan atractiva como la entrada. La carretera tiene bastante curvas y un fuerte desnivel, pero es muy ancha y las curvas tienen un gran radio por lo que la Harley se conduce bien. A punto de salir del Parque llegamos a Wawona donde había un hotel precioso. De postal. Ya era suficientemente tarde como para pensar en quedarnos, y un sorprendente letrero de “Vacancy” nos hizo plantearnos romper la hucha en el segundo día para quedarnos allí. Cuando fui al mostrador a preguntar si tenían habitación y me miraron como si fuera un extraterrestre me di cuenta de que no ibamos a dormir ahí. “Vacancy? No, It’s a mistake”. En el fondo, menos mal que no tenían habitación: 300 dólares por una noche rompía nuestro presupuesto para el resto del viaje.

Continuamos la ruta y tras unos cuantos kilómetros más de bajada llegamos a Oakhurst, el primer pueblo fuera de los límites del Parque. Resultó estar lleno de moteles y cometí otro error de libro: desperdiciar la última hora de luz del día recorriendo una docena de moteles con precios similares, habitaciones parecidas, recepciones clonadas e instalaciones miméticas. Resumiendo, con habernos quedado en alguno de los dos o tres primeros hubiera sido suficiente. Lección aprendida para el resto del viaje. Lo único bueno de esta particular ruta de los moteles fue haber localizado un restaurante de pescado que parecía familiar y agradable. Tampoco había gran cosa para visitar en Oakhurst.

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Mientras esperábamos que nos trajeran los platos, había en la mesa un jueguecito de esos en los que hay que pescar pececitos imantados con una cañita. Como dos niños, estuvimos un buen rato jugando. Solamente hacia un par de días que estábamos de viaje y ya teníamos esa sensación de ausencia que regalan los viajes. Cada día, un sitio diferente. Cada día, muchos paisajes. Cada día, muchas vivencias. Cada día, un mundo nuevo. Ruptura con la rutina.

Ficha de ruta día 2: sábado 27 de marzo de 2010
Itinerario: Angels Camp(Ruta 49) – Melones – Sonora – Jamestown – Chinese Camp – (Ruta 120) – Groveland – Buck Meadows – Entrada Parque Yosemite – (Cruce Ruta 120 a Ruta 41) – Yosemite Village – Yosemite West – Wawona – Salida Parque Yosemite – Oakhurst.
Distancia recorrida: 176 millas (284 Kilómetros)
Distancia acumulada: 324 millas (523 Kilómetros)

En el desayuno del domingo teníamos planeado revisar un poco los mapas (básicamente reconstruirlo con celo) y echar una ojeada a las guías y la ruta prevista. Pero el espacio del desayuno era lo más parecido a la habitación de los Hermanos Marx: cuatro mesas para una veintena de personas, niños correteando, todo el mundo con una bandeja en la mano,... ¡Eso es despertarse con stress matinal! Y ahí andábamos dando saltos de alegría por haber conseguido una mesa, cuando nos dimos cuenta de que nos habíamos quedado solos. Increíble. Pensé que había sido un autobús o un grupo, pero no: sencillamente fue la casualidad de la hora punta.

Intentamos salir temprano para hacer rápido el enlace hasta llegar a los siguientes dos Parques Nacionales, King’s Canyon & Sequoia National Park. La curiosidad es que son dos Parques que se gestionan como uno solo. Dos por el precio de uno (literalmente). Para llegar hasta el Parque había que seguir primero el rumbo al sur, rodear la ciudad de Fresno (no entramos a la ciudad) y orientarnos hacia el este en dirección a las montañas. Al rodear las zonas urbanas es cuando más temía no haber llevado un GPS durante el viaje.

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Bueno, para ser exactos, sí que llevamos GPS en el viaje aunque no lo sacamos de la maleta. Solamente instale el soporte en el manillar para que no ocupase un sitio en la maleta. Las semanas antes del viaje fueron muy ajetreadas en el trabajo y no me pude dedicar a introducir los mapas de USA y las rutas. Lo probé un día a las dos de la madrugada y no conseguí aclararme con las descargas y las actualizaciones. Así que puse en la maleta el GPS con la idea de aprovechar los primeros días en San Francisco para prepararlo. La historia de la maleta perdida ya la conocéis y nos encontramos en marcha sin haber hecho nada en el GPS.

Pero el primer día vimos que no nos aclarábamos demasiado mal con los mapas. Carme estaba atenta a las rutas y los cruces desde el asiento de atrás y al no llevar GPS teníamos que estar más atentos a las direcciones, las carreteras y las orientaciones. Así pues, decidimos seguir paseando el GPS en la maleta y confiarnos al clásico sistema de los mapas de papel, el celo y los rotuladores fosforitos. Y no nos fue nada mal, la verdad. Al final, creo que los mapas también nos ayudaron a disfrutar más del viaje.

La ruta no tuvo mayores problemas y prácticamente fuimos de un tirón hasta King’s Canyon Park. Nada más salir de Fresno, empezamos a escalar de nuevo las montañas. De nuevo apareció la nieve, que en esta ocasión fue mucho más abundante. Había mucha, mucha nieve en los márgenes y en la montaña, pero la carretera estaba impecable. Durante muchas millas circulamos entre verdaderos muros de nieve a ambos lados de la carretera.

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Al llegar al Centro de Visitantes del Parque,lo primero que hicimos fue buscar un necesario café con leche calentito para recuperar la temperatura. Y nosotros que pensábamos pasar calor en este viaje. No nos habíamos llevado ropa de abrigo pensando en la nieve y el resultado era que parecíamos un par de cebollas con toda la ropa encima. Para buscarle el lado positivo a todo, al llevar tanta ropa encima, era mucho más rápido hacer el equipaje y cerrar las bolsas.

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Como ya nos había pasado en el Tioga Pass, la carretera que cruzaba transversalmente el Parque estaba cerrada hasta finales de abril o principios de mayo. Hasta esa fecha no entran las máquinas quitanieves a abrir paso. A diferencia de Yosemite, en estos dos Parques la ruta principal se hace directamente en el vehículo particular. Los sitios interesantes para ver (básicamente árboles gigantes y paisajes pintorescos) están localizados a pie de carretera. A no ser que vayas a perderte haciendo rutas a píe por el interior del Parque, la ruta principal es una buena aproximación al Parque.

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Aunque Yosemite me encantó, King’s Canyon me gustó todavía más. Las secuoyas enormes son muy espectaculares, un paisaje que no había visto nunca antes. Los volúmenes que tienen estos árboles milenarios son descomunales. En las fotos es importante fijarse en las referencias para darse cuenta de las dimensiones que tienen las secuoyas: las personas, los coches, la moto,... ¡todo se ve pequeño!. La ruta recorrida durante todo el día fue una maravilla, circulando por una carretera que era toda una evocación a la imaginación: sentirse enanitos en un bosque animado. Fue muy especial la sensación de conducir la Harley por esos bosques.

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La última visita del Parque fue para el General Sherman. Las principales secuoyas tienen nombre propio. El General Sherman es una secuoya gigantesca: la que tiene más volumen de madera y mayor peso. Su diámetroperímetro es de 31 metros, y el diámetro es de 11 metros (no es una circunferencia perfecta). Por poco, no es la secuoya más alta aunque mide la nada despreciable cifra de 84 metros (la más alta hace unos diez metros más). Tampoco es la más antigua, aunque lleva ahí la friolera de 2.300 años. Más que cualquier monumento de los que estamos acostumbrados a visitar. Te hace sentir muy pequeño.

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A pesar del frío que pasamos, poder ver estos bosques nevados fue una suerte. Un paisaje de esos que se queda en la retina y el recuerdo.

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