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En moto por el Oeste Norteamericano (16 y penúltima): Espectacular ruta junto al océano

En moto por el Oeste Norteamericano (16 y penúltima): Espectacular ruta junto al océano
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Parado en el arcen de la autopista de salida de Los Angeles. Carme pregunta que pasa. “¡La llave!”. Palpo los bolsillos de la cazadora y no siento la llave. Me quito los guantes. Y en un bolsillo del pantalón que está cerrado por una cremallera aparece la llave. Uffff… Menos mal… Precisamente un día que había guardado la llave en el bolsillo correcto protegida por la cremallera.

Con la llave en la mano me quedo mirando el testigo luminoso encendido del inmovilizador. ¡Máldita electrónica!. Recuerdo la lluvia de la mañana y supongo que el funcionamiento anómalo del testigo es fruto de alguna humedad restante. ¡Pero vaya susto!. Imaginaos por un momento que realmente se hubiera caído la llave en la autopista: sin duda, final de viaje anticipado.

Por si acaso, decido no parar el motor no sea que no vuelva a arrancar y seguir hasta la próxima salida para verificar el tema con tranquilidad. Pero no llega a hacer falta la parada ya que en unas millas el testigo se apaga. Todo quedo en un morrocotudo susto y una nueva reflexión sobre el papel preponderante que va tomando la electrónica en nuestras motos.

Durante más de una hora la autopista tiene un tráfico intenso a velocidad sostenida. Uno se acostumbra a conducir así: lo duro debe ser tener que hacerlo cada día. A medida que vamos pasando pueblos, se va perdiendo tráfico y carriles. Al llegar a Ventura, el Océano Pacífico aparece en todo su esplendor junto a la autopista. Hay una sensación de placidez en la vista del gran azul. Estamos a media tarde y el sol bajo convierte en mágicas las tonalidades azuladas y amarillentas.

En Carpintería (curioso nombre para un pueblo) paramos a dar una vuelta por el pueblo y la playa. La población parece típicamente californiana. Ordenada, limpia, con su tráfico lento, casas bajas de colores, chicos con tablas de surf por la calle,... No encontramos hoteles por lo que decidimos seguir hasta Santa Bárbara.

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Santa Bárbara nos enamoró desde el primer instante. Un lugar de esos para quedarse a vivir una vida relajada, plácida y ordenada. A los pies del Océano Pacífico, se respira una calidad de vida impresionante. El atardecer frente al océano fue delicioso. Para cenar, un agradable paseo vespertino hasta el puerto donde nos zampamos unos enormes cangrejos hasta quedar bien servidos. La temperatura era primaveral, perfecta para un paseo nocturno.

Pero esa jornada nos deparaba una curiosidad: dos hoteles en una única noche. Como iba a ser la penúltima noche del viaje y estábamos en un enclave tan fabuloso decidimos hacernos un regalo especial y tomamos una habitación con unas estupendas vistas al océano. La siguiente foto está hecha desde la propia habitación. Cuando la contratamos, especificamos de manera clara y explícita que necesitábamos internet en esa noche (era el final de la Semana Santa y en la oficina de Barcelona volvían al trabajo). “No problem. Wifi is included”.

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A veces la informática tiene sus cosas y no hubo manera de conectarme a la wifi. Ni con mi Mac, ni con el Toshiba de Carme, ni con el Ipad, ni con el Iphone. No soy un técnico pero sí un usuario algo avanzado. Fue imposible conectarse e inexplicable para todos. Pasaron todos los técnicos posibles, llamamos a servicios de asistencia y vimos como otros clientes podían conectarse. Pero algo fallaba y para siempre me quedó la incógnita de que paso esa noche. Al final, a la una y media de la madrugada desistimos, me devolvieron el dinero y desperté a Carme para cambiarnos de hotel. Surrealista, especialmente en la noche que teníamos el mejor hotel de todo el viaje. Pero finalmente conseguí la preciada conexión de madrugada.

Ficha de ruta día 11: lunes 5 de abril de 2010

Itinerario: Los Angeles Pasadena – Hollywood – Glendale – Ruta 101 – Thousand Oaks – Casa Conejo – Camarillo – El Rio – Ventura – Carpintería – Montecito – Santa Bárbara

Distancia recorrida: 110 millas (177 Kilómetros)

Distancia acumulada: 2.061 millas ( 3.325 Kilómetros)

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El martes iba a ser el día de Big Sur. Lamentablemente, ahora ya teníamos que enfilar directamente hacia San Francisco y tocaban renuncias: el día anterior ya habíamos descartado una ruta de montaña por Ojai que nos habían recomendado. Durante el martes íbamos a recorrer el tercer tercio del viaje en un único día (el primero fue la ruta de los parques y el segundo la ruta 66) . Queda pendiente regresar para hacerlo con más calma, por ejemplo ¿Qué tal hacerlo coincidir algún año próximo con el GP de Laguna Seca?.

Nos tomamos nuestro tiempo para disfrutar la mañana en Santa Bárbara y a mediodía empezamos ruta con un largo enlace hasta San Luis Obispo, en donde empieza la inigualable Ruta 1 en su recorrido junto al océano. Una carretera mágica. Para los que viven en Cataluña, algo así como las Costas de Garraf o Sant Feliu-Tossa pero diez o doce veces seguidas. O algo así como la carretera costera de El Salvador en versión larguísima. O esa otra carretera increíble que es la que va desde Rio de Janeiro a Sao Paulo por la costa. O algunos tramos de la carretera que recorre costa pacífica de Perú y Chile. Y otras carreteras en muchos sitios que tienen su máxima expresión en un trazado juguetón en comunión con el mar. Carreteras sugerentes, para rodar y sentir y soñar.

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La 1 es una carretera maravillosa. Vas pasando enclaves a cada cual más alucinante para vivir. Casitas junto a la playa que parecía que existían solamente en las películas (seguro que se ha rodado más de una vez). Para quienes tengan prisa, la autopista circula una treintena de millas por el interior, pero no nos interesa. A ratos vemos surfistas y kitesurfistas.

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Una sorpresa en el camino es el castillo de Hearst, que aparece en Ciudadano Kane, de Orson Welles. Hearst era un excéntrico millonario propietario de muchos medios de prensa que compraba cosas compulsivamente y se hizo construir ese faraónico castillo. La película de Orson Welles era una crítica social estaba basada en este singular personaje.

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Otra parada en el camino es una playa que han escogido los leones marinos para descansar. Cientos de ellos se agolpan en una playa que parece llena de bañistas en un domingo de verano. Allá están revolcándose en la arena todo el día. ¡Dura vida la de estos animales!

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Seguimos la carretera sin fin. Siempre al lado del mar, a veces más cerca de la orilla y en otras ocasiones rodando más altos en el acantilado. Un día lleno de imágenes de “salvapantallas”, de esos que te hacen enamorarte todavía más del placer de viajar en moto.

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