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Triumph, Bonneville y los récords de velocidad
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Triumph, Bonneville y los récords de velocidad

Ayer os presentábamos la edición limitada de la Triumph Bonneville T-214 Speed Record 2015 y comentamos muy por encima que en la década de los 50 del siglo XX en Bonneville se batieron una buena colección de récords de velocidad utilizando motores Triumph. Vamos a darle un repaso a lo que sucedió allí y podremos disfrutar de algunas declaraciones de los pilotos que vivieron aquella época y siguen vivos tras casi sesenta años.

Y es que el dominio de Triumph en el reino de la velocidad pura duró desde 1956 hasta 1970 con una única interrupción de 33 días en los que el récord fue a parar a las manos de Wilhem Herz con su NSU, pero le duró bien poco. Situándonos al principio de la línea temporal nos encontramos con “Stormy” Magham y Jack Wilson qeu habían construido un rudimentario Streamliner de casi cinco metros de largo que utilizaba un motor Triumph Thunderbird 650 del año 50 alimentado por nitrometano y pilotado por Johnny Allen. El The Devil’s Arrow, que así fue como bautizaron al invento, alcanzó los 311.76 km/h.

Triumph Devil

Ya hemos dicho que Wilhem Herz les arrebató el récord al año siguiente, pero como la cosa no podía quedar ahí, a los pocos días los mismos autores del anterior récord se presentaron en Bonneville con el Texas Cee-Gar para dejar bien claro quién mandaba en la velocidad mundial.

Triumph Cee-Gar

De nuevo con un motor bicilíndrico de 650 cc, pero muy modificado, consiguieron la cifra de 100 cv alimentándolo con un 60% de alcohol. La caja de cambios original también fue modificada al cerrar su relación al máximo. El récord de 345.20 km/h permaneció hasta 1962, cuando el Triumph Streamliner de Joe Dudek llegó a Bonneville para ser pilotado por William Johnson.

Triumph T120 Dudek Streamliner

El Triumph Streamliner de Dudek no sólo batió el récord de motos alimentadas con gasolina, sino que tras vaciar el depósito, rellenarlo con nitrometano y cambiar los chiclés de los carburadores fulminó el récord de velocidad rodando a 361.41 km/h. Este récord al ser alcanzado con una moto con el chasis modificado, con combustible especial y en una moto totalmente carenada permaneció en vigor hasta 1992.

El siguiente récord, y último de momento, lo marcó Bob Leppan con su revolucionaria Gyronaut X-1 en 1965. Esta motocicleta contaba con un chasis fabricado en acero al cromo-molibdeno, unas patas se apoyo automáticas, barras de protección para el piloto, sistema de extinción de incendios, unos neumáticos Good Year especiales para rodar a más de 250 km/h y un paracaídas para frenar todo el conjunto.

Triumph Gyronaut X 1

Los motores, porque aqui ya se utilizaron dos, eran sendas unidades Triumph TR6 altamente modificadas que daban 70 cv cada uno a 8.200 rpm. Quizá lo más novedoso es que el fuselaje de la moto estaba fabricado en fibra de vidrio y era el más aerodinámico visto hasta el momento. Alimentado con gasolina el Gyronaut X-1 llegó a los 350.23 km/h antes de estrellarse. Al años siguiente regresó a Bonneville y fue capaz de rodar a 395.36 km/h, un récord que permaneció inalcanzable hasta 1970.

De los años cincuenta se guardan pocas declaraciones de aquellos pilotos locos por la velocidad, pero si que podemos reproducir las de Bob Leppan, el piloto del Gyronaut X-1 o las de Jason DiSalvo, que está implicado en el actual intento de récord mundial con el Triumph Castrol Rocket.

Bob Leppan, decía que:

Para hacer esto no se puede ser una persona normal. Si no estás dispuesto a poner toda la carne en el asador no deberías estar haciendo esto. Tienes que estar un poco loco.

Cuando las cosas salen bien es una experiencia fantástica, pero cuando algo falla es aterrador. En mi segunda tanda pensé, "Si me la pego va a ser de las gordas. ¡Así de claro!" Claro que pasas miedo, pero tienes que encontrar la manera de superarlo.

Cuando el propio Leppan volvió a Bonneville en busca de otro récord sufrió un accidente al llegar a los 424 km/h porque la suspensión delantera se desintegró. Gracias a la actuación de los médicos Leppan pudo salvar su brazo gravemente herido. Pero como esta gente está hecha de otra pasta aún hoy muestra las cicatrices como una condecoración. En sus propias palabras:

Hacen falta agallas y un valor increíble para encerrarte en un espacio tan pequeño y tan cerca del suelo. Recuerda que 480 km/h en pista equivalen a 1.120 km/h en un coche. Tienes que tener una actitud del tipo "hoy no va a morir nadie, no voy a ser yo".

Por su parte Jason DiSalvo en la actualidad también nos deja frases impactantes:

La primera vez que corres sobre la sal te parece que vas bastante rápido. Al cabo de un rato te medio insensibilizas, como si fuera lo normal. Lo interesante viene cuando te subes al coche de alquiler para volver al hotel y de repente te das cuenta de que vas a 160 km/h.

O perlas como:

Soy competitivo. Si hay una marca o un límite, quiero superarlo. Además está la tradición de Triumph de ser los más rápidos del mundo, tradición que quiero recuperar, y el respeto a todos aquellos que han conseguido el récord antes que yo. La rivalidad es feroz cuando compites contra 100 años de historia.

Veremos si en 2015 se consigue batir algún récord con el Triumph Castrol Rocket. Mientras tanto los seres humanos de a pie solo podemos imaginar cómo debe ser eso de ir a esas velocidades con el trasero casi rozando el suelo y encerrado en un cilindro apenas un poco más grande que tu propio cuerpo. Decididamente hay que ser de una pasta especial.

Vía | Triumph, Castrol Rocket

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