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La ingeniería mecánica siempre me ha fascinado, y saber cómo están hechas las cosas y hasta dónde se puede llegar me llena de curiosidad. Pero muchas veces cuando llegan las novedades del año y empezamos a describir cuál es el último grito en tendencias tanto estéticas como tecnológicas me corroe una pregunta una vez, y otra vez, y otra vez, con cada alarde prestacional, o con nuevas técnicas implementadas. La pregunta es: ¿y ésto pa’ qué lo quiero?.

Partamos de la base de que soy el primero que esboza una sonrisa con cifras descomunales de potencia o par motor, y que me encanta trastear con cualquier cacharro electrónico que se aplique al mundo de las dos ruedas. Pero por ésta vez os voy a pedir que no me llaméis hereje, o talibán anti-progreso, quisiera que no sólo unos pocos, sino todos, miremos el tema desde un punto de vista objetivo.

Es evidente que el progreso tecnológico inunda todos los aspectos de nuestras vidas, pero más aún si cabe en las motocicletas Aquí cada fabricante quiere ser el que aporte mejores prestaciones, más eficiencia, más seguridad, más capacidades de regulación en el menor tiempo posible, o en lo que cada cual prefiera destacar con respecto a los demás para captar la mayor visibilidad sobre potenciales clientes a quienes llevarse al huerto. Ésto repercute en unidades cada vez más capaces, más especializadas o más polivalentes, consiguiendo un beneficio para cualquier usuario o aficionado al motociclismo, con creaciones que compiten por ser las más atractivas.

Ahora vayamos al lío, que me voy por los cerros de Úbeda. La gran mayoría de los potenciales clientes de los que hablaba no son usuarios que tengan unas necesidades perfectamente identificadas, sino que pertenecen a un amplio y heterogéneo grupo de personas que, en su mayoría, hacen lo mismo. Los hay tranquilos, que con sus motos naked van a trabajar a diario y los fines de semana hacen una escapada para curvear. Luego están los ruteros que con sus grandes sport-turismo, o turismo a secas, no hacen más que pensar en hacer kilómetros, pero ¿a que también van a trabajar con ellas?. Ese perfil se parece también a los de las chopper, creo, aunque en menor medida.

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Ahora pasamos a los que usan motos deportivas. Les encanta recorrerse todas las veces posible la subida a la Cruz Verde en una mañana enfundados en monos de cuero impolutos. Y si paseamos una mañana por las aceras de la capital resulta que también van a trabajar con ellas, pero además se pegan el gustazo, los que pueden, de hacer incursiones en circuito. De nuevo, pido que no me saltéis al cuello, simplemente estoy perfilando un boceto previo en el que lo que digo es que al final todos hacemos, más o menos, las mismas cosas con diferentes motos.

No quiero entrar en sensaciones, ni comodidad del culo de cada cual, es algo muy general y que también es aplicable al mismo razonamiento pero cambiando los diferentes tipos de motoristas por los años de fabricación de un modelo. Si elegimos el perfil de un usuario de moto deportiva (por ser los que mayor crecimiento tecnológico reciben), dejando al margen también el tema económico, ¿qué le aporta una Ducati 1199 Panigale que no le pueda aportar una Ducati 916 en una salida por carretera?.

En el caso de que a parte de para trabajar y curvear también entre en circuito, pongamos tirando a lo alto, seis veces al año, no es alguien que vaya a buscar tiempos. Y es más, posiblemente si los buscase, sería complicado que tuviera un nivel suficiente como para que la diferencia frente al cronómetro fuera significativa. Si ya hablamos de alguien que ni siquiera haga tandas, ¿qué motivación tiene, a parte de tener un trending topic sobre ruedas?. Sin salir de la marca italiana, ¿no le podría satisfacer una Streetfighter?.

Cada uno puede hacer lo que le venga en gana, no seré yo el que desmerezca que cada cual haga lo que se le ponga en los mismísimos cancilleres. Tengo la impresión de que ya no algunas, sino muchas de las compras de motos, se hacen pensando con la cabeza repleta de testosterona. Y sí, lo reconozco, soy el primer motero al que se le calientan las ideas, pero hablando a nivel general me parece que en este país nos va demasiado el caballo grande, ande o no ande. En el que cuenta más lo burro que nos ponga un modelo antes que la utilidad que le vayamos a dar.

Porque, seamos honestos, los grandes avances de las motos, si un escuadrón de mecánicos ninja nos los quitaran una noche y los sustituyeran sin darnos cuenta, excepto casos evidentes, ni nos enteraríamos que ya no están. Somos unos calentorros, y basta que una marca nos diga que cierta horquilla es la leche para que vayamos al concesionario, o que tiene más opciones de configuración el control de tracción que los muebles del Ikea, o que si la abuela fuma.

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Os voy a poner dos ejemplos, y concluyo. Como sabéis me dedico al transporte de mercancías por carretera. En España la orografía no es muy distinta del resto de Europa, menos Holanda, que parece una tabla. Pues resulta que la media de caballaje de los camiones destinados a transporte nacional está entre 480 y 500 caballos de potencia, mientras que en el resto de países de Europa se sitúa en 410 o 420. ¿A qué se debe?, ni idea, será por nuestra sangre latina.

El otro ejemplo es el de un amigo mío, piloto muy experimentado de motocross, corredor muchos años del campeonato nacional. Alguien con algo de conocimiento en el tema, y muy de tener siempre lo último, pero el mundo del motocross no ha empezado a despuntar tecnológicamente hasta hace pocos años.

Pues resulta que él tenía dos Honda CRF450 del año 2008, una para entrenar y otra para correr, y decidió a finales de 2011 hacerse con la novísima Kawasaki KX450-F 2012, un portento tecnológico que prometía el oro y el moro. Se puso a entrenar, y la lechuga voladora no había manera de que se acercase, ni de lejos, a los tiempos de las otras. Era cabezona, con poco nervio, y unas suspensiones pésimas, según él. No desistió, y entrenó duro para hacerse a la nueva moto, pero no había manera, se gastó un pastizal en prepararla para pulir las carencias, y tampoco.

Finalmente, con todo su poderío tecnológico la KX450-F tuvo que hincar la rodilla, y terminó saliendo por la puerta de atrás para dejar paso, de nuevo, a otra unidad 2008 de la marca del ala dorada con la que ahora, este amigo mío, ha reencontrado el camino, y no sólo va como antes, sino que va mucho mejor, más rápido y con más ritmo.

Vosotros qué opináis, ¿realmente lo más nuevo, o puntero, marca alguna diferencia para un usuario normal?, ¿no seríamos más felices si hubiera menos inversión en desarrollar productos tan complejos en favor de otros más “simples” pero más baratos?. Si existieran, ¿los compraríamos o serían un fracaso de ventas?. ¿Cuántos de vosotros notaríais diferencias, relevantes, en una carretera de curvas entre una Honda CBR600RR del 2003/2005 y una del 2011?, ¿la satisfacción en la parada para almorzar cómo sería de distinta?.

Fotos vía | Motorbiker, Motorbiker, PistonBrew

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