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Hablemos de eficiencia, esa palabra cuyo sentido ha cambiado últimanente

Hablemos de eficiencia, esa palabra cuyo sentido ha cambiado últimanente
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Uno, que ya peina alguna cana, todavía recuerda cuando hace no muchos años se hablaba de que los motores de moto eran unas máquinas bastante eficientes. Más que nada porque con una cilindrada relativamente pequeña eran capaces de obtener potencias considerables. Hablar de potencias que rondaban los 150 cv por litro era bastante habitual. Claro que la gasolina no era tan cara como ahora y por las carreteras se podía circular a velocidades más altas que ahora con bastante menos presión administrativa. Además la mayoría de motores de combustión interna sólo rinden un 35% aproximadamente de la energía que les entra, porque el resto se pierde en forma de calor por rozamientos. Con lo que muy eficientes no son en ningún momento.

En un momento indeterminado llegó hasta nosotros la (ahora) conocida cantinela de que la gasolina se iba a poner por las nubes y, además, se iba a acabar en cuatro días. También el primo de no se qué político dijo que el calentamiento global era mentira, pero no le hizo caso nadie y los políticos decidieron que había que vigilar los gases que se emiten a la atmósfera. A partir de ese momento la eficiencia de un motor de combustión interna dejó de medirse en caballos de vapor y porcentajes de energía aprovechada y empezó a medirse en gramos de dióxido de carbono. Por medir algo, porque por un tubo de escape, lo que sale nunca es bueno ni para el medio ambiente ni para nadie salvo para las petroleras.

Desde esa fecha vamos todos locos midiendo lo que consumen nuestros vehículos, tanto lo que entra, como lo que sale. Alguien descubrió que si los hacíamos todos eléctricos, dejaríamos de emitir gases contaminantes desde nuestros vehículos y rellenar los depósitos de energía sería tan barato como encender una plancha en casa. Pero enseguida nos avisaron otros que producir esa energía no era a coste cero ni se conseguía de manera limpia en un porcentaje bastante alto. ¡Maldición! Tendremos que volver a utilizar caballerías. Aunque, espera, un montón de caballos también emiten (otro montón de) gases que son malos para la atmósfera. ¿Tendremos que ir caminando?

Vale, pero si de repente les decimos a los miles de millones de personas que viven en Asia que tienen que ir a pie lo mismo se enfadan un poco. Más que nada porque en esta parte del mundo hemos quemado recursos como si no hubiera un mañana y casi seguimos al mismo ritmo ahora que ya sabemos (o eso nos han contado) que efectivamente no hay un mañana con vehículos con motores de combustión interna en el.

¿Y qué hacemos mientras? Pues nos convertimos en unos “controladores” que no piensan más que en vigilar al máximo lo que consumimos y lo que producimos como deshecho. ¿De verdad los próximos años vamos a estar así de controlados? Menudo aburrimiento nos espera. O quizá no sea tan aburrido ver como la gente discute (a quien le guste) sobre si una moto es un vehículo eficiente a nivel ecológico, a nivel de prestaciones o simplemente me gusta más que un coche. Yo me voy a dar una vuelta con mi moto a que me pegue el aire y para que cuando no pueda usarla por contaminante al menos me quede el recuerdo de lo bien que me lo he pasado con ella.

Foto vía Flickr | Driver Photographer

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